domingo, 30 de septiembre de 2012

Me pega


Madre: “cariño ponte los zapatos”
(el niño no responde, está viendo la televisión)
Madre: “venga póntelos que no tenemos tiempo, que no llegamos”
Niño: “Déjame”
La madre acude a ponerle los zapatos ella
Niño: “¡déjame que estoy viendo la teleeee!” mueve los pies para dificultar que la madre le ponga los zapatos.
Madre: “venga chiqui, tienes que ponerte los zapatos, que no nos da tiempo” le dice la madre sonriendo, como si fuera un juego.
Niño: “que nooo, que quiero ver la teleeee,” se levanta del sofá y le pega un manotazo. “ERES MALAAA”.

Hace 40 o 50 años que un hijo/a le pegara a un padre era impensable. Los padres de antes ya se encargaban de dejar claro quién mandaba en casa y por supuesto, a nadie se le atrevía levantar la mano a sus propios padres ni a otros adultos. Los estilos educativos que antes predominaban en la sociedad es cierto que se basaban en ser muy restrictivos, con exceso de castigos y a veces se utilizaba la intimidación o el miedo como medio para conseguir que tus hijos “entraran en vereda”. La generación de padres actual, quien sabe si víctima de ese estilo educativo, ha pasado al otro extremo como si de un péndulo se tratase. Se les permite todo a los hijos/as porque consideramos que el estilo que se empleó con nosotros no fue adecuado. Padres que se ríen cuando sus hijos gritan o insultan, o comentarios como “ay pobre, si es que es muy pequeño, ¿cómo le voy a regañar?”  Es cómo muchos padres afrontan este tipo de situaciones.

Pero, ¿esta permisividad y “dejar hacer” a los hijos/as es buena? Bueno, pues a todos nos gusta “complacer” a nuestros hijos/as, darle lo que piden porque “a nosotros no nos lo dieron”, es lo más fácil, el niño/a es aparentemente feliz y nosotros también, pero  si esto se convierte en costumbre y no somos capaces de enseñar y frustrar a nuestro hijo/a él no aprenderá a afrontar otras situaciones en la vida.  Desde mi experiencia, y en la experiencia de la sociedad en general se está viendo que si antes se criaban hijos con exceso de normas, miedosos y “rectos”, ahora se están criando hijos tiranos, que no son capaces de aguantar que sus padres o profesores les digan que “NO” y que llegan a transgredir normas que antes eran intocables (gritarle a un adulto, insultar a un profesor o pegar a los padres).  

Mientras los niños/as tienen dos, tres, cuatro, años el acto de oponerse al adulto a muchos padres les parece gracioso pero ¿Qué pasará cuando ese niño se convierta en un preadolescente?  ¿Nos hará la misma gracia?

Lo primero que tenemos que preguntarnos cuando vemos que nuestro hijo/a nos pega es ¿Qué estamos haciendo nosotros para que un niño/a que tiene dos o tres años pegue a unos adultos que tienen veinte o treinta años? Porque lo que es seguro es que si dejamos que el niño/a nos pegue estamos haciendo de alguna manera que se convierta en nuestro padre por lo tanto pasaría a convertirse en su propio abuelo, ¿a que no suena muy bien? Tenemos que poner un poco de orden.

¿Qué hacer?

1. Explicarle al niño/a que es tu hijo/a y que por lo tanto tiene que obedecer a sus padres y profesores, a otros adultos, que no puede pegar y que cuando no esté de acuerdo con algo debe decirlo sin llorar y tranquilo. Que os gusta mucho cuando os obedece y os sentís muy contentos cuando lo hace.  Esto no es suficiente pero es necesario. Crear un espacio de comunicación con tu hijo/a es primordial.

2.  Explícale que a partir de ahora no le vas a dejar que te pegue y que si lo hace tendrá determinadas consecuencias. Por ejemplo, lo llevarás a pensar a su habitación, no lo llevarás al parque, no podrá seguir viendo la tele durante un tiempo, o que perderá algo que le guste, es decir avísale de las consecuencias, porque todo acto que no queramos que nuestro hijo/a haga tiene que tener unas consecuencias.

3.  Antes de que tu hijo llegue a pegaros avísale de qué sucederá si lo hace y si llega a pegarte, cumple con las consecuencias.

4. Para promover su buen comportamiento puedes utilizar algún sistema de economía de fichas o de premios para hacerle entender cuáles son las conductas que sí queréis (y no sólo las que no queréis). Por ejemplo, si hay alguna situación en que vuestro hijo/a responda bien es importante premiarlo ya sea con besos o con verbalizaciones (“muy bien”, “me encanta cuando me pides las cosas así”).


Prohibido, Nunca, Never

Reíros si os pega. Vamos a ver, si vuestro hijo/a ve que vosotros os reís en ese momento interpretará que es un juego o que es algo que queréis que haga, por lo tanto la próxima vez lo hará más y más.

Prohibido pensar que vuestro hijo cambiará cuando tenga más edad y que es muy pequeño todavía. En cuanto vuestro niño/a empieza a entender lo que le dices ya es momento para enseñarle hábitos y buenas costumbres, por lo tanto ¿por qué esperar a más tarde?


Más vale prevenir

Si quieres que este comportamiento no se convierta en algo difícil de salvar tienes que actuar desde la primera vez que vuestro hijo/a prueba a pegaros. Si antes intervenís más fácil será guiar su conducta.

Los pasos anteriores son para momentos en los que ya se haya llegado a ese punto pero no tenemos que llegar a esto. Para que nuestro hijo/a deje de pegarnos y obedezca más fácilmente habrá que fomentar y premiar las veces que nos obedece. Pero de esto ya hablaremos en una futura entrada.

Os dejo con un vídeo para que alucinéis y veáis hasta qué punto se puede llegar. Aunque el vídeo se transmita en un programa humorístico la verdad es que tiene que ser una situación dramática para esta familia. 


miércoles, 26 de septiembre de 2012

No quiere comer nada más que papillas o potitos



Ya es la 1 del medio día, va llegando la hora de la comida y has preparado unos filetes de pollo para tu niño. Piensas que esta vez lo podéis conseguir, que mastique de una vez. Tiene 6 años pero lleváis 3 intentando que coma sólido. Antes le dabais papillas y todo bien, pero cuando os vinisteis  a dar cuenta vuestro niño no quería comer otra cosa que no fueran papillas o potitos y habéis ido dejando pasar el tiempo, pero 6 años son muchos años ya. Vuestra madre/suegra se encarga de recordaros todos los días lo bien que lo habéis hecho. “¡Anda, anda, que eso os pasa por no haber pasao una guerra! Yo me tenía que comer las patatas a bocaos, sin cocer ni ná!”  Ya será menos, pensáis.  El caso es que sabéis que en el fondo vuestra madre/suegra tiene algo de razón, vuestro niño debería saber comer variado y sólido pero no lo hace. Solo os falta hacer la procesión a Lourdes flagelándoos para probar que el niño coma. 

“Todas los días la misma historia” dice la agradable abuela/madre/suegra. “Llega el niño ve la comida y a llorar, y ahí va su madre y le pasa la comida por el robot de cocina, y el niño tan contento, se le quitan las lágrimas de momento” sigue la abuela/suegra. “Que si:  ¿cariño qué quieres?, ¿no te gusta el pollo?, ¿te hago unas patatas? ¿o quieres mejor unas croquetas?, ¡Un buen palo en el culo le daba yo y sin comer todo el día, ya verás cómo comía el niño!...  y encima siempre tenéis que terminar de darle de comer en la boca porque si no, no se lo come, eso o cuando no come ná y al rato pilla las galletas, y ¡¡¡¡venga galletas!!!! ¡Lo tenéis malcriado!” 

El caso es que os gustaría hacerlo mejor pero no sabéis cómo, que si se lo partas en trozos más pequeños, que si le mezcles con la papilla trozos de comida sólida ¡nada os ha dado resultado! ¿Qué hacer?

Lo primero de todo es concienciarnos que los primeros que tenemos que modificar los hábitos de comida somos nosotros. La hora de la comida es una hora para dedicarla a nosotros mismos y a nuestra familia, no a nuestro niño en exclusiva. Por lo tanto se acabó el dar potitos “porque es más rápido”, o “que coma primero el niño porque así luego comemos más cómodos nosotros”. NO, la hora de la comida es una hora en familia.

1.       Hablar con el niño/a, explicarle que ya es mayor y que tiene que comer cosas de mayores y que por lo tanto a partir de ahora se hará solo una comida, que no se la pasarás por el robot,  y que si le gusta bien, pero que si no le gusta no pasa nada, para la merienda habrá más comida. Que a partir de ahora tendrá que comer solo, que ya sabe coger los cubiertos y que por lo tanto estaréis muy contentos de verlo comer.
2.       Crear la rutina de la comida.  Es importante que la comida sea a la misma hora aproximadamente, en el mismo sitio (Comedor o cocina) y con las mismas personas (si puede ser con los papás mejor). Tiene que ser una hora en que, en la medida de lo posible vosotros lo dediquéis a comer juntos, vuestra vida no se tiene que paralizar porque él/ella no quiera comer.  Debe ser un rato en el que se aproveche para hablar de lo que ha pasado en el cole, lo que se va a hacer por la tarde, etc. Una actividad entretenida para hacer en familia.
3.       Dedicar un tiempo determinado a comer. Se acabó el estar horas y horas comiendo. Se le explicará, dependiendo de su edad, que en 20-30 minutos se recogerán los platos y se acabó el rato de comer. Y así habrá de ser, se le pedirá que recoja su plato y se le felicitará por ello.
4.       Si no se come lo que tiene en el plato ¡no pasa nada! FUERA DRAMAS, no os tiréis de los pelos. Es normal que las primeras veces coma poco o no coma, pero el niño/a tiene que comprender el nuevo hábito y esto llevará un tiempo.  Además un niño/a tiene que llegar con hambre a la hora de la comida, si pica entre horas no tendrá hambre a la hora de la cena y se volverá a repetir la misma historia. Si quiere comer sus galletas o alguna golosina que ésta sea después de la comida solamente si ha cumplido con comer a su hora y como premio por lo bien que lo ha hecho.  
5.       Ser constantes. Es posible que el niño/a intente patalear o llorar porque todo vuelva a ser como antes, pero vuestra actitud ante esto debe ser de ignorar los lloros y las pataletas, recordándole cual queréis que sea su comportamiento “cuando te sientes en la mesa te haremos caso” y seguid hablando entre vosotros sin que el niño/a consiga con los lloros lo que quiere.  


Prohibido, Nunca, Never.


Evitar centrarse en la comida y que toda conversación ronde la comida. Hay vida más allá de la comida y es importante que el niño/a coma pero es más importante que os fijéis en qué cosas ya hace bien  diferente de la comida  y que por lo tanto debéis de reforzar. La hora de la comida tiene que ser una actividad en familia divertida no un suplicio. Así que si no quiere comer es preferible no entrar en la lucha con el niño/a (ver vídeo), cuando se acabe el tiempo se retira el plato y ya comerá a merienda, o a la cena,…


 Prohibido poner raciones de comida inmensas. Tenéis que tener en cuenta que el estómago de un niño no  es como el de un adulto y que por lo tanto cabe menos comida. Es preferible que él niño/a pida más comida  que le pongáis un plato de comida tan rebosante que luego no pueda con ello. Además siempre será mejor ponerle la comida justa porque luego le podéis felicitar por habérselo comido todo, algo por lo que siempre se sienten bien los niños/as.

Prohibido hablar de la comida durante la comida, fuera negociaciones. Esto es, evitar comentarios como “cómetelo todo”, “coge bien el tenedor”,  “comete ese trozo”, “comete un poquito más”

Por supuesto prohibidísimo que si el niño/a no come en la comida se le triture, se le pregunte si quiere otra cosa o que luego pique entre horas galletas, yogur, u otro alimento. Recuerdo el caso de una madre que decía que su niña no comía en el comedor porque no le gustaba la comida y luego en casa, en cuanto llegaba, arramblaba con la caja de galletas o con lo que pillaba a su altura. Total cuando llegaba la hora de la merienda no tenía hambre y se volvía a repetir la escena de “NO QUIERO COMER”.

Evitar las comparaciones, “mira cómo come tu amigo pepito, él sí que sabe comer” No hay cosa que más rabia de a un hijo/a que cuando lo comparan con otro. Al final terminas odiando a tu amigo/a y tú sigues comiendo igual de mal.


Más vale prevenir.

Colocar las galletas, golosinas o cosas que pueda picar en un sitio al que no pueda llegar. Para evitar que pueda comer entre horas.

Que participe en la elaboración de las comidas.  Es buena idea, y además una buena actividad para hacer juntos, que el niño/a participe en la elaboración de determinadas comidas (pizzas, bocadillos, etc) es una buena manera de que se acerque a ella desde otro punto de vista y os reportará mucha satisfacción a todos. Además ¿quién no ha metido el dedo en una tarta, chupado sus dedos de chocolate o cogido un trocito de queso de la cocina?

PD. En esta entrada hemos dado por hecho que el niño/a no tiene problemas físicos u orgánicos, es decir, problemas para tragar ni otros problemas médicos porque ya han sido descartados previamente. Si tuvierais duda nunca está demás preguntar a un médico.  



viernes, 21 de septiembre de 2012

Juega horas y horas a la videoconsola


¿crees que tu hijo/a juega demasiado a la videoconsola? ¿Tienes que comunicarte con él a través del móvil porque, si no, no te responde? ¿Es tu hijo/a de los que hablan durante todo el día sobre qué nivel del juego se han pasado y cual se van a pasar? ¿Cada vez que le hablas mientras juega reacciona de forma agresiva o pasa de vosotros?




 Pues algo habrá que hacer ¿no? “Los videojuegos son inventos del demonio” ya decía mi abuelo cuando la Nintendo (1992) estaba en todo su auge. Y cuánta razón tenía porque si no cómo se explica que un fontanero con bigote haya “emviciado” (palabras textuales de los abuelos) a tantos niños/as en el mundo. He de reconocerlo, yo he sido de la generación de los videojuegos y de las videoconsolas, sí sí, un niño “emviciado” y sé lo que es tener los ojos rojos, casi fuera de las orbitas después de haberme pasado 5 horas seguidas jugando al Mario. ¿Y eso está bien? Hombre pues yo cuando jugaba era el tío más feliz del mundo, el problema venía después, cuando no me podía dormir por las noches (por los nervios), cuando me despertaba y en lo único que pensaba era en Mario y en qué nivel me iba a pasar, cuando soñaba que yo era Mario, en fin, uno llega a vivir casi en otro mundo, rozando la psicosis. A veces esta psicosis era compartida (invitaba a amigos a casa a jugar y no los dejaba que se fueran hasta que no los llamaran sus padres. UN PARTIDO MAAAAAAAAS les sugería sutilmente). Pero amigos, hay vida más allá del enganche  a las consolas, os lo digo yo, un superviviente.


¿Qué podemos hacer? Ahí estamos, empezamos con un brainstormig:

  • Ponernos a jugar con él/ella a la wii y en una de esas dejar escapar el mando para que caiga exactamente encima de la consola y dejarla inservible. Llevarla  a “reparar” y que tarde 3 meses en ser reparada, así se desenganchará quiera o no quiera.  Que sepáis que esto sería de ser maaaaaalos, maaaaalos.

  • Quitarle los mandos de la consola. AJAAA Hábil estrategia de los padres que siempre se piensan más listos que los niños/as, pero NOOOOO, los niños/as saben lo que quieren y cómo conseguirlo. En mi caso no funcionaba yo siempre encontraba un mando sustituto. Y ahora más que son inalámbricos.

  • Electrificar la consola, así cada vez que la toque BRZZZZZ, chuflazo eléctrico. Bueno, habría que medir qué potencia ponerle pero vamos ya hemos pasado la época de la psicología conductista pura y dura, y un castigo físico de tal magnitud pues está feo, feo. Además no queremos causarle un trauma y que no juegue nunca más.  (me imagino a vuestro hijo/a con ataques de ansiedad cada vez que viera un anuncio de play station o estuviera cerca de una consola). Nada, nada, esto DESCARTADO.

  • Poner un cartel en la tele, en los mandos, encima de la consola que diga… JUGAR PUEDE CREAR ADICCIÓN, acompañada de una foto de algún niño viciado con los ojos fuera de las órbitas. Esta es la misma táctica que hacen con los cajetines de tabaco pero, queridos padres, todos sabemos que aunque te de un repelús magnánimo  al final te acostumbras, si no mirad cuanta gente sigue fumando.

  • Intentar moderar el tiempo de juego por mutuo acuerdo. Suena tan bonito que parece imposible ¿verdad? Pues no lo es. ¿Cómo lo podemos hacer?

1.       Encontrar un momento en que no esté jugando a la consola. Importante, si le hablas a tu hijo/a mientras juega lo más probable es que pase de vosotros, y no es porque no os quiera, de verdad os lo digo por experiencia. Es que a veces se te cruza un nivel y necesitas todos los sentidos para superarlo. Así que si puede ser encontrad un momento en el que él esté tranquilo.
2.       Dialogar con vuestro hijo/a, que comprenda que jugar 10 horas seguidas puede ser perjudicial para su salud, para sus estudios, para la relación con sus padres, para la relación con sus amigos, para su estado emocional. Cuando veáis que ha interiorizado y comprendido esto, y que él/ella también quiere cambiarlo, está preparado/a para el siguiente paso.
3.       Establecer un horario.  Desde mi experiencia (cómo jugador, y además con esto voy a traicionar al niño viciado que fui) con 2 horitas el fin de semana está más que bien. Durante la semana normalmente les queda poco tiempo por los estudios. Además podéis utilizar las horas de juego como incentivo, esto es, si él consigue cumplir con sus obligaciones durante la semana tendrá derecho a esas dos horas, pero podrá añadir más minutos de juego por cada cosa extra que haga. Por ejemplo, si sus obligaciones son hacer los deberes y mantener la habitación ordenada y lo cumple tendrá derecho a esas horas, además si esa semana consigue buenas notas, un poner, entonces obtendrá 15 minutos más de juego por cada buena nota que traiga. Pero lo de los minutos extra también lo podéis aplicar para cualquier otro comportamiento que queráis fomentar en vuestro hijo. Ya lo veremos más adelante en otra entrada que publicaré.
4.       SI vuestro niño/a tiene edad todavía de que le planifiquéis actividades, hacedlo. Esto es que podemos pedirle que no juegue más de dos horas a la consola pero también tenemos que enseñarle a hacer cosas alternativas, por ejemplo, bajarse a jugar con los amigos, ir toda la familia a dar un paseo, etc. Actividades que también le motiven y le gusten pero que sean diferentes a los videojuegos. 

Por lo tanto, igual que tiene un horario para clase podéis diseñar con él un horario del fin de semana, así seguro que acepta de buen grado hacer más cosas que jugar a la consola.



Prohibido, Nunca, Never

Empecéis una guerra contra los videojuegos ni contra que a vuestro hijo/a le guste. Es normal que le guste, de verdad, están diseñados para gustar, lo raro sería que no. Por lo tanto, cuanto más os empeñéis en que deje de jugar más querrá él/ella jugar.

No podemos pretender que nuestro hijo no juegue y nosotros nos tiremos a ver la tele en el sofá toda la tarde, o nos pongamos a leer toda la mañana, no me parecería muy justo, ¿no? ¿o quizá a vosotros como padres os viene bien que el niño/a esté jugando? Aaaaa, ahí lo dejo, que revolotee en vuetras conciencias.


Más vale prevenir…

Cuando vuestros niños/as toman el primer contacto con videojuegos les gusta mucho (como es normal), el problema viene cuando le compramos una consola y no le enseñamos a poner un horario desde el principio, así que es muy importante crear el hábito desde pequeñines.

Los pasos que hemos expuesto no valen para casos de niños/as que estén crónicamente enganchados, para ellos/as habría que planificar un plan de desenganche progresivo. Aunque, quizá, eso ya lo expondremos en otra entrada.

Si véis que lo de negociar un horario no queréis hacerlo y preferís la táctica de romper “accidentalmente” la wii, aquí os dejo un vídeo para que os vayáis entrenando.



martes, 18 de septiembre de 2012

Llora y patalea cuando le llevo al cole o la guardería


Vuestro  hijo/a  os está mirando con cara de un cordero en dirección al matadero, es la segunda vez que lo vais a llevar al cole y todavía os resuenan en la cabeza los llantos del primer día. Creéis que lo vivió como una traición y además os sentís culpables por ello. Pensáis que desde ayer os mira de otra manera, parece como si pensara que sois unos malos padres, que lo habéis abandonado, pero no hay vuelta atrás, el cole tiene que empezar y vuestro niño/a tiene que ir. “Vamos cariño que nos tenemos que marchar” La tensión en el ambiente casi que se puede cortar. Vuestro hijo/a no sabe si gritar o llorar, lo intenta por el diálogo: Que si no quiero ir, que si quiero quedarme contigo mami,… Vuestro corazón se convierte en un pastelito de chocolate que él/ella se está comiendo a bocaditos… ¿Qué hacer?

  •  No llevarlo al cole ese día, ni el siguiente, es más, comprar una caravana con pegatinas de flores, convertiros en hippies e iros a vivir a una playa recóndita en dónde venderéis pulseritas a turistas y le procuraréis la educación que vosotros creáis conveniente. PARA ESOS SOIS SUS PADRES LECHE.
  • Salir corriendo y dejar al padre/madre que se encargue del marronaco que se os viene encima. ”Ayer me tocó a mi” piensas para quitarte el remordimiento de conciencia.
  • Afrontar la situación y punto (valientes).

Si afrontáis la situación hay una serie de pasos que podemos seguir que allanará el camino hacia la difícil primera separación de vuestro hijo/a.
1.       En casa, unos minutos antes de salir dejadle que escoja un juguete que le guste mucho para que se pueda llevar al cole (suponiendo que en el cole le dejen llevar alguno). A veces el llevar consigo su juguete o peluche favorito les tranquiliza de cara a afrontar esa primera separación.
2.       Durante el trayecto hacia el cole podéis hablar sobre lo que vais hacer por la tarde con él/ella (ir al parque, ir al centro comercial, a casa de algún amiguito). Tienen que ser actividades que le motiven y le gusten.
3.       Una vez en la guardería llegó el momento crucial. No tenéis que demoraros mucho ni hacer de la separación un hecho desgarrador en el que madre/padre e hijo/a sois separados como si fuera una superproducción de Hollywood. Con seguridad y cariño le dáis un beso, decidle cuándo os váis a volver a ver y marcharos seguidamente. Si estáis igual de nerviosos que el niño/a más vale que no se os note, tenéis que darle seguridad y él/ella está hecho un experto en notar cuando dudáis.
4.       Si veis que se queda llorando o pataleando, tranquilos, este llanto desaparecerá al poco tiempo de que os marchéis. Pensad que se queda con profesionales que están acostumbradas a este tipo de situaciones.  Además podéis hacer una llamada luego al cole para comprobar que está bien.
5.       La salida del cole tiene que ser un reencuentro feliz y para eso, además de darle un beso enorme y un abrazo, es importante que habléis y le preguntéis sobre lo bien que se lo ha pasado. Esto lo podéis acompañar de un regalito (caramelo, golosina, etc) pero solo las primeras veces (los primeros dos o tres días). Si véis que intenta hablar sobre lo “malos” que habéis sido con él/ella debéis ignorar ese comentario y volver a la conversación positiva.


Prohibido, Nunca, Never

Quedarnos intentando que se calme en la puerta de la guardería. Cómo hemos dicho anteriormente podemos convertir la escena en una despedida tipo Hollywood, desgarradora y emocionante, aumentando las probabilidades así de que el niño/a recuerde la separación cómo un hecho doloroso, cuando lo que pretendemos es lo contrario.
Darle un regalo cada vez que salga del cole más allá de los 2 o 3 primeros días. Aunque él/ella lo demande es conveniente no mantenerlo porque entonces puede convertirse un hábito y perder su poder de premio. Solo queremos que sea un refuerzo para las primeras veces que salga y poder utilizar ese premio en otras ocasiones para poder reforzar el comportamiento.


Más vale prevenir…

Llevar al niño/a a la guardería desde que son bebés puede ayudar a que se adapte a los períodos de separación más fácilmente que cuando son más mayores. 
Cuando se vaya acercando el día en que va a comenzar el curso podéis recordárselo con un calendario en la mano “cuando estemos en este día comenzamos el cole”. Así podéis ir tachando los días que faltan y el niño/a se hace partícipe del hecho, viviéndolo con menos angustia. Además es importante motivarlo diciéndole que va a ir al cole porque ya es mayor y que estáis muy contentos por eso. 
También podéis preparar a vuestro niño/a si vais haciendo visitas  progresivas al cole para que conozca cual va a ser su aula, quien va a ser su profesora, dónde va a jugar,... todo esto le ayudará a disminuir la ansiedad del primer día,  ya  será un entorno conocido para él/ella. Incluso puede pasar que, si sabemos "vendérselo" y le creamos cierta expectación,   vuestro niño/a vaya muy contento/a el primer día.



domingo, 16 de septiembre de 2012

Me raya las paredes del salón


Siempre pensaste que tu hijo tenía capacidades artísticas innatas cuando te trajo el primer dibujo de un avión “¡Madre mía que genio! No sé a quién habrá salido ” A su madre por supuesto, piensas en el fondo. Desde entonces quieres, como buena madre, fomentarle esta capacidad artística soñando que en un futuro pueda ser un gran pintor o ilustrador, un gran artista. Así que decides darle herramientas para ello “¡Folios pa’ mi niño!” le compras  un set de rotuladores monísimo, uno de acuarelas de dibujos animados, otro de plastilina y su buena cantidad de cartulina para que tenga toda la libertad de expresión posible. “Mira que gallinas me hace, ¿a que están super conseguidas?” le comentas a la vecina. “Enséñale a papá el dibujo que has hecho de él” más ancha que larga. Quieres que tu hijo no tenga límites y se expansione artísticamente hablando. Y el caso es que es cierto, se expansiona muy rápido, tiene una capacidad increíble, si, sí,…  tanto como que un día al llegar a casa ves cómo acaba de pintar toda la pared del salón, convirtiendo el papel pintado de la pared en un bosque, algo abstracto eso sí, de rotulador y plastilina, con sus toques de acuarela también. Tu niño sonríe. Tu NO.  ¿Qué hacer?

  •          Tirarte de los pelos, salir por la puerta y dejar que termine su obra de arte. Total el salón tendrá un nuevo look.
  •         Te animas y le ayudas a terminar su gran obra artística, total “el niño necesita expansión, pobre”, que haga unos pocos grafitis no pasa nada.
  •          Tomarte una tila y observar qué técnica emplea. Observar un artista trabajar es un privilegio al alcance de muy pocos.
  •          Convertirte en un ogro (del mismo bosque que está pintando) y pegarle tal regañina a tu niño que se le quiten las tonterías del arte definitivamente, “mi niño va a ser de ciencias y se ha acabado”.
  •          Intentar que tu hijo aprenda que en las paredes del salón (ni de las habitaciones, ni de la cocina, ni del colegio, por supuesto) NO SE PINTA. Bien, si eres de las que elige esta opción vamos a ver cómo hacerlo.


Cuando descubres por primera vez que tu niño/a ha pintado las paredes del salón él tiene un deseo de experimentar y de probar nuevas texturas y cómo se raya en otros sitios diferentes al folio, obviamente nosotros somos quienes tenemos que darle a entender que en las paredes no se puede experimentar ¿cómo hacerlo?

1.       Darle una explicación, decirle que en las paredes no se puede pintar, ofreciéndole una alternativa (pizarra, folios, cartulinas,...). Siempre es necesario explicar aunque no es suficiente. 

2.       Retirarle los rotuladores y material gráfico artístico, sino queremos que siga.

3.       Pedirle que te ayude a reparar lo que ha hecho, es necesario que después de la explicación vengan unas consecuencias y en este caso la consecuencia es intentar limpiar lo que ha hecho. No pasa nada lo pequeño que sea el niño porque siempre adecuaremos a su edad el nivel de exigencia para que lo limpie. Si tiene 3 años con pedirle que  nos ayude a limpiar un rato será suficiente, sin esperar grandes logros en cuanto a sus resultados.

4.       Vigilar para que no lo vuelva a hacer, y si lo vuelve a hacer repite los pasos anteriores hasta que lo comprenda. Llegará un punto en que si lo repite mucho cada vez que le quites los rotuladores y le pides  que te ayude se enfadará, pero esto es parte del proceso. Es importante que no vuelvas atrás y te mantengas, no dándole los rotuladores de vuelta hasta que repare lo que ha hecho.

5.       Si se niega y se va, no haciendo lo que le dices, no pasa nada, encuentra el momento para volver a pedírselo. Esto es, cuando veas que quiere hacer otra cosa, jugar con un juguete que tienes tú, te pide alguna golosina, volver a pintar o jugar contigo a algo aprovecha la ocasión para decirle que jugarás con él o le darás lo que quiere cuando te ayude a limpiar lo que pintó. 

Si tu niño tiene más de determinada edad en la que ya ha comprendido que no se puede pintar en las paredes y que lo tiene que hacer en el folio, y sin embargo descubres que lo está haciendo de nuevo cuando ya hace mucho tiempo que no lo hacía, habrá que actuar como en los pasos anteriores pero también habrá que indagar a ver cuáles son los motivos de su cambio en el comportamiento. Hay veces que alguna dificultad que tenga en el colegio con los compañeros, problemas de celos con hermanos u otras situaciones pueden desencadenar este aparente retroceso en su comportamiento.


Prohibido, Nunca, Never

Limpies tú la pared sin que para él/ella haya consecuencias. Todo acto incorrecto tiene que llevar una explicación y un acto de reparación o consecuencias que no sean agradables para él/ella porque, si no, lo más probable es que lo vuelva a hacer.
Nunca te quedes en la explicación, las explicaciones sin consecuencias no sirven de mucho.


Más vale prevenir…

Si quieres que tu niño/a aprenda sin que experimente de manera alocada (sofá, paredes y mesas a gogó) sé tú quien le guarde los materiales y, cuando te lo pida o se lo propongas, explícale que tiene que hacerlo solo en el folio o en la pizarra, manteniendo la vigilancia  las primeras veces. Así cada vez que se salga e intente pintar en la mesa (paso previo a pintar en las paredes) puedes darle un trapo para que lo limpie, esto le ayudará a entenderlo y a no hacerlo. 

Para finalizar os dejo con un briconsejo  por si por un momento se os ocurre la idea de habilitar una pared de casa como pizarra:



viernes, 14 de septiembre de 2012

No quiere dormir solo/a


¿Eres de los padres que sabe que tu hijo debería dormir solo/a en su cuna/cama pero no sabes cómo hacerlo para que lo haga? ¿O eres de los otros que considera que no pasa nada, que “pobrecito si es muy pequeño que duerma con sus padres” y a tu niño está a punto de salirle el bigote? ¿Está tu marido/mujer harto/a de tener que compartir una cama de 1,30 para 3 personas y la tercera persona es tu niño/a? ¿O eres de los que empezaron muy bien, cada uno en su camita, y has terminado durmiendo la mitad de la noche con él/ella en su cama individual? ¿Hace tiempo que no sabéis lo que es la vida de pareja porque tu hijo/a  ha montado una trinchera en vuestra cama?  También puede que seas  de los que se quedan leyéndole cuentos hasta la madrugada esperando a que se duerma… Seáis quienes seáis tenéis en común que vuestro hijo/a no duerme en su cama/cuna, o bien le cuesta dormir solo/a  y ya debería hacerlo. Si queréis cambiar esto puede ser que os interese seguir leyendo.

Antes de empezar a realizar cualquier cambio de hábitos, los primeros que tenéis que tenerlo claro sois vosotros. No sería la primera vez que meter al niño/a en la cama pudiera aliviar más  a los padres que al propio niño/a, por ejemplo, de tener que enfrentarse cada uno a su propia relación de pareja o de tener que afrontar sus propios sentimientos de soledad. Supongamos que no es el caso y quien realmente está interesado/a en ocupar nuestra cama es el niño/a y vosotros no queréis. Como pareja es necesario que  exista diálogo y que vayáis al unísono para poder llegar a un acuerdo sobre  que vuestro niño/a duerma solo/a y a qué hora, para así luego poder ponerlos en acción. A continuación pongo una serie de pasos para conseguir que el/la niño duerma solo/a, pero sólo debéis aplicarlo si realmente estáis cansados y queréis cambiar esto, si todavía os queda alguna duda ¿por qué no continuar como hasta ahora? Es vuestra elección:

1.       Crear el ambiente o la señal de que ha llegado el momento de dormir. Todos dependemos de las señales para hacer nuestros hábitos diarios (la hora que nos dice que ya es hora de dormir, la alarma que nos despierta por las mañanas, etc.) y son muy necesarias para crearlos. Por tanto tendremos elegir cuál va a ser la señal que le avise a vuestro niño/a de que ha llegado el momento. Obviamente, en niños/as pequeños/as,  si le decimos que son las 12 de la noche no lo va a entender  pero sí podemos elegir otras señales como contarles un cuento en su cuna, cantarles una canción,  dar las buenas noches a los papás (aunque no entienda todavía qué significa dar las buenas noches), darle el biberón o el pecho en su habitación con luces relajadas… se trata de que sea una señal que cumplamos siempre y que sea repetitiva y rutinaria, es decir que nos vaya a ayudar a crear una rutina.

También es importante que toda actividad que realice el niño antes de dormir sea una actividad tranquila y relajante. Si dejamos que el niño vea cualquier serie japonesa de dibujos animados en la que hace que el salón parezca una discoteca de luces relampagueantes, lo llevamos claro. Igualmente si nos ponemos a jugar al balón con el niño/a 10 minutos antes de irse a dormir lo más probable es que no quiera irse (Que levante la mano el/la que es capaz de dormir justo después de hacer actividad física intensa).

2.       Crear la rutina. Es el momento de que, una vez se marquemos la señal, el  niño/a duerma solo/a. Este momento es importante porque es en el que el niño/a deberá quedarse solito/a intentando dormir. Si nos quedamos a su lado el/la niño/a se acostumbrará a que estemos presentes cada vez que vaya a dormir corriendo el riesgo de  convertirnos en una señal. A veces puede ser que os pidan tener una luz encendida (dependiendo de la edad) y las primeras veces puede ser que lloren si el hábito no está creado.
Si tienen más edad, como para levantarse de su cama e ir en vuestra búsqueda, debéis tener la paciencia necesaria para volver a llevarlo/a a su habitación, explicarle que él/ella debe dormir en su cama, tranquilizarlo si está llorando y volver a nuestra habitación (esto hay que repetirlo tantas veces como sea necesario, llegará un punto en que el niño/a lo comprenderá y se quedará en su cama, aunque puede que con algo de angustia al principio.).

3.       Reforzar la rutina. Si hemos conseguido que nuestro niño/a se haya levantado  en su cama/cuna por primera vez es muy importante decirle lo bien que lo ha hecho y felicitarlo por el logro (ya de por sí el haberse quedado dormido y descansar bien para él/ella habrá sido reconfortante). El reencuentro con su padre/madre después de la noche para él/ella será un refuerzo que le ayudará a establecer esta nueva costumbre.

4.       Repetición y constancia. Sin embargo, todo lo que hemos hecho hasta ahora no tiene sentido si no repetimos los mismos pasos todas las noches. Para poder crear hábitos es importante mantenerse constante y repetir siempre la misma secuencia. En cuanto se repita la secuencia unos cuantos días el niño/a ya habrá adquirido el hábito y sólo con contarle el cuento, darle el biberón en su cuna, dar las buenas noches o escuchar la cancioncilla  sabrá que ha llegado la hora de dormir. Si somos constantes lo conseguiremos.


Prohibido, Nunca, Never

-          Traernos el niño/a a la cama si no se duerme. Todos los pasos que hayamos hecho hasta ese momento no servirán para nada y luego costará todavía más crear el hábito.
-     Sacar al niño de su habitación para tranquilizarlo. Es importante si vemos que llora desconsoladamente que lo tranquilicemos en su cuna o en su cama pero siempre dentro de su habitación. Esto le ayudará a comprender que es ahí dónde debe dormir.


Más vale prevenir…

Siempre es bueno que  si tu niño/a no tiene el hábito creado, se lo expliques de una manera clara y segura: “cariño debes dormir en tu cama porque ya eres mayor, y los niños de tu edad ya duermen en sus camas”. Además puedes llegar a un acuerdo con él si tiene suficiente edad para esto “¿Cuándo quieres empezar a dormir solo?” le daremos un margen de dos o tres días, a su elección, esto le irá haciendo más consciente y lo preparará cuando llegue el momento. El que se lo expliquemos no implica que cuando llegue el momento no llore ni acceda fácilmente a dormir solo/a pero sí irá entendiendo que entre tus palabras y los hechos hay una relación clara. Es entonces cuando tenéis que ser inflexibles y aplicar los pasos anteriores. 

Para finalizar y reirnos un poco os dejo un enlace a un vídeo de un padre que lo intenta de otra manera:

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Me monta una rabieta en el centro comercial


Sábado, 6 de la tarde, el centro comercial bulle de gente. Después de una semana agotadora de trabajo has decidido dar un  paseo con tu familia por el centro comercial. Hábilmente has sorteado las máquinas de caballitos y de coches americanos con ruedas gigantes, además de la de chicles. Sabes de la debilidad de tu hijo por esas “máquinas infernales”. Pero al torcer la esquina apenas reparas en una con unos juguetes insignificantes metidos en unas bolitas de plástico las cuales parecen estar diseñados por una persona con muy mala idea para que todos los niños caigan.  Tu hijo la ve.  Tu disimulas. Intentas distraerlo rápidamente diciendo “mira qué fuente más bonita hijo!” ya es tarde, tu hijo corre hacia la máquina y dice “PAPAAAAA QUIERO UNA BOLAAAAA”.



El tiempo parece que se detiene. Sabes que no debes comprársela, ayer le compraste toda la colección de pokemon, serie oro y platino, y tu cómo padre responsable le dices “No cariño”. Tic, tac, tic, tac,… Tu hijo toma aire, como si de un compresor se tratara y ¡rompe a llorar!. 

Tu intentas disimular "hijo, tranquilo,..." le dices. Pero no puedes evitarlo,  la gente te señala, te apunta con el dedo, susurra a tus espaldas, pero a ti NO te importa un bledo (¿esto no era una canción de Alaska?).  Otros padres a tu alrededor parecen decir con la mirada “QUEEE MAL PADREEEE”, el sudor te cae por la frente, tu reputación como figura de autoridad está en entre dicho, tu hijo llora dramatizando cada vez más cómo diciendo “miraaaaad cómo me tortura mi papaaaa”,  Lo único que quieres es que pare de llorar, le dices, “vale vale cariño, ¿cual quieres?” (¡ERROR!). Automáticamente en el rostro de tu hijo se dibuja una triunfante sonrisa y dónde antes habían lágrimas ahora sólo quedan surcos. Así es, acabas de tirar a la basura lo que te quedaba de autoridad. 

Pero tranquilo, no todo está perdido. ¿Qué hacer?

Vamos a situarnos en el momento en que llora y dice “mirad cómo me tortura mi padre”. Podemos intentar varias alternativas:


  1. Que te trague la tierra, salir corriendo y esperar a que la policía lo traiga a casa (jejeje, es bromaaaa)
  2. No hacer caso a los lloriqueos. Esto sería lo ideal. Es necesario que se le diga las cosas tranquilamente y con seguridad: “cariño no te la voy a comprar porque ahora mismo no es momento” (por supuesto seguirá llorando), “cuando dejes de llorar vienes” y te vas a ver el escaparate de al lado o sigues paseando por el centro comercial (siempre echando un ojo al niño) como si su lloriqueo no te importase. Aquí tienes que prepararte porque seguramente tu hijo aumente el nivel de rabieta (ej. Se tira al suelo, llora más fuerte, dice frases como “no te quiero”, “eres malo”). Si eres capaz de aguantar hasta que deje de llorar habrás ganado la batalla pero no la guerra. TODOS LOS NIÑOS DEJAN DE LLORAR en algún momento (solo que algunos parecen entrenados).  En cuanto deje de llorar puedes escucharle y proponerle otra idea, por ejemplo, “vamos a tomar un helado mejor” acompañándolo de un “cómo me gusta cuando me dices las cosas sin llorar”.
  3. Tienes que tener claro que tu hijo/a no puede decidir por ti, él no puede manejar la situación,  porque tu autoridad queda en entredicho y no solo para esto, sino para cada vez que él te pida algo y tu le digas que no.
  4. Si no tienes la fuerza necesaria ese día por el motivo que sea y te acompaña su madre/padre deja que sea él/ella quien intente manejar  la situación, es decir, es cómo pedir cambio en el fútbol cuando uno está cansado. Puede que la persona que entra esté más fresca y tenga la paciencia que tu has perdido.  Es muy importante que os mantengáis tanto padre como madre como si fuerais un equipo con una única decisión invariable.
  5. Última opción (solo en caso de emergencia): Si has intentado todo lo anterior sin éxito o si ves que el nivel de rabieta es tal que supera tus posibilidades y vas a tener que comprársela porque no te queda otra opción, no se la compres sin más. Negocia con tu hijo que si le vas a dar la bola pero a cambio de algo (por ejemplo,  después de comerse la merienda, después de que te acompañe a determinado sitio y se mantenga sin llorar,…) por supuesto, aunque luego él haya parado de llorar si lo has prometido has de cumplirlo, por lo tanto cómprasela, eso le generará confianza al niño.



Prohibido, Nunca , Never.

Darle la bola o lo que pide en plena rabieta, y todavía más prohibido dárselo una vez estamos haciendo el amago de aguantar sus lloros, porque entonces él/ella aprenderá que lo que tiene que hacer la próxima vez que quiera algo  y tu le digas que “no” es llorar cada vez más fuerte, por lo tanto estaremos premiando su estrategia que consiste en “¿qué es lo que tengo que hacer cada vez que quiera una bola y mi madre/padre no me la de? LLORAR”.

Más vale prevenir…

Si cada vez que sucede esto reaccionas como hemos explicado anteriormente lo más seguro es que a la tercera ocasión que lo haga él/ella lo entienda mejor y cada vez el tiempo de lloriqueo sea menor hasta que asuma que si le dices que “No”, tiene que ser así.

Pero siempre puedes prevenir y avisar a tu niño antes de salir al centro comercial. Por ejemplo, si sabes que vas a pasar por un sitio por el que te va a pedir un juguete y tu estás seguro que no se lo vas a comprar es necesario que lo hables con él: “ vamos a pasar por el centro comercial, sabes que allí hay bolas pero hoy no te voy a comprar ninguna porque no es momento”. Por supuesto, si se lo has dicho tendrás que cumplirlo. 

Para terminar un pequeño ejemplo de una rabieta pero que al menos los padres se mantienen constantes y logran que el niño haga lo que ellos dicen.