miércoles, 12 de septiembre de 2012

Me monta una rabieta en el centro comercial


Sábado, 6 de la tarde, el centro comercial bulle de gente. Después de una semana agotadora de trabajo has decidido dar un  paseo con tu familia por el centro comercial. Hábilmente has sorteado las máquinas de caballitos y de coches americanos con ruedas gigantes, además de la de chicles. Sabes de la debilidad de tu hijo por esas “máquinas infernales”. Pero al torcer la esquina apenas reparas en una con unos juguetes insignificantes metidos en unas bolitas de plástico las cuales parecen estar diseñados por una persona con muy mala idea para que todos los niños caigan.  Tu hijo la ve.  Tu disimulas. Intentas distraerlo rápidamente diciendo “mira qué fuente más bonita hijo!” ya es tarde, tu hijo corre hacia la máquina y dice “PAPAAAAA QUIERO UNA BOLAAAAA”.



El tiempo parece que se detiene. Sabes que no debes comprársela, ayer le compraste toda la colección de pokemon, serie oro y platino, y tu cómo padre responsable le dices “No cariño”. Tic, tac, tic, tac,… Tu hijo toma aire, como si de un compresor se tratara y ¡rompe a llorar!. 

Tu intentas disimular "hijo, tranquilo,..." le dices. Pero no puedes evitarlo,  la gente te señala, te apunta con el dedo, susurra a tus espaldas, pero a ti NO te importa un bledo (¿esto no era una canción de Alaska?).  Otros padres a tu alrededor parecen decir con la mirada “QUEEE MAL PADREEEE”, el sudor te cae por la frente, tu reputación como figura de autoridad está en entre dicho, tu hijo llora dramatizando cada vez más cómo diciendo “miraaaaad cómo me tortura mi papaaaa”,  Lo único que quieres es que pare de llorar, le dices, “vale vale cariño, ¿cual quieres?” (¡ERROR!). Automáticamente en el rostro de tu hijo se dibuja una triunfante sonrisa y dónde antes habían lágrimas ahora sólo quedan surcos. Así es, acabas de tirar a la basura lo que te quedaba de autoridad. 

Pero tranquilo, no todo está perdido. ¿Qué hacer?

Vamos a situarnos en el momento en que llora y dice “mirad cómo me tortura mi padre”. Podemos intentar varias alternativas:


  1. Que te trague la tierra, salir corriendo y esperar a que la policía lo traiga a casa (jejeje, es bromaaaa)
  2. No hacer caso a los lloriqueos. Esto sería lo ideal. Es necesario que se le diga las cosas tranquilamente y con seguridad: “cariño no te la voy a comprar porque ahora mismo no es momento” (por supuesto seguirá llorando), “cuando dejes de llorar vienes” y te vas a ver el escaparate de al lado o sigues paseando por el centro comercial (siempre echando un ojo al niño) como si su lloriqueo no te importase. Aquí tienes que prepararte porque seguramente tu hijo aumente el nivel de rabieta (ej. Se tira al suelo, llora más fuerte, dice frases como “no te quiero”, “eres malo”). Si eres capaz de aguantar hasta que deje de llorar habrás ganado la batalla pero no la guerra. TODOS LOS NIÑOS DEJAN DE LLORAR en algún momento (solo que algunos parecen entrenados).  En cuanto deje de llorar puedes escucharle y proponerle otra idea, por ejemplo, “vamos a tomar un helado mejor” acompañándolo de un “cómo me gusta cuando me dices las cosas sin llorar”.
  3. Tienes que tener claro que tu hijo/a no puede decidir por ti, él no puede manejar la situación,  porque tu autoridad queda en entredicho y no solo para esto, sino para cada vez que él te pida algo y tu le digas que no.
  4. Si no tienes la fuerza necesaria ese día por el motivo que sea y te acompaña su madre/padre deja que sea él/ella quien intente manejar  la situación, es decir, es cómo pedir cambio en el fútbol cuando uno está cansado. Puede que la persona que entra esté más fresca y tenga la paciencia que tu has perdido.  Es muy importante que os mantengáis tanto padre como madre como si fuerais un equipo con una única decisión invariable.
  5. Última opción (solo en caso de emergencia): Si has intentado todo lo anterior sin éxito o si ves que el nivel de rabieta es tal que supera tus posibilidades y vas a tener que comprársela porque no te queda otra opción, no se la compres sin más. Negocia con tu hijo que si le vas a dar la bola pero a cambio de algo (por ejemplo,  después de comerse la merienda, después de que te acompañe a determinado sitio y se mantenga sin llorar,…) por supuesto, aunque luego él haya parado de llorar si lo has prometido has de cumplirlo, por lo tanto cómprasela, eso le generará confianza al niño.



Prohibido, Nunca , Never.

Darle la bola o lo que pide en plena rabieta, y todavía más prohibido dárselo una vez estamos haciendo el amago de aguantar sus lloros, porque entonces él/ella aprenderá que lo que tiene que hacer la próxima vez que quiera algo  y tu le digas que “no” es llorar cada vez más fuerte, por lo tanto estaremos premiando su estrategia que consiste en “¿qué es lo que tengo que hacer cada vez que quiera una bola y mi madre/padre no me la de? LLORAR”.

Más vale prevenir…

Si cada vez que sucede esto reaccionas como hemos explicado anteriormente lo más seguro es que a la tercera ocasión que lo haga él/ella lo entienda mejor y cada vez el tiempo de lloriqueo sea menor hasta que asuma que si le dices que “No”, tiene que ser así.

Pero siempre puedes prevenir y avisar a tu niño antes de salir al centro comercial. Por ejemplo, si sabes que vas a pasar por un sitio por el que te va a pedir un juguete y tu estás seguro que no se lo vas a comprar es necesario que lo hables con él: “ vamos a pasar por el centro comercial, sabes que allí hay bolas pero hoy no te voy a comprar ninguna porque no es momento”. Por supuesto, si se lo has dicho tendrás que cumplirlo. 

Para terminar un pequeño ejemplo de una rabieta pero que al menos los padres se mantienen constantes y logran que el niño haga lo que ellos dicen.