domingo, 30 de septiembre de 2012

Me pega


Madre: “cariño ponte los zapatos”
(el niño no responde, está viendo la televisión)
Madre: “venga póntelos que no tenemos tiempo, que no llegamos”
Niño: “Déjame”
La madre acude a ponerle los zapatos ella
Niño: “¡déjame que estoy viendo la teleeee!” mueve los pies para dificultar que la madre le ponga los zapatos.
Madre: “venga chiqui, tienes que ponerte los zapatos, que no nos da tiempo” le dice la madre sonriendo, como si fuera un juego.
Niño: “que nooo, que quiero ver la teleeee,” se levanta del sofá y le pega un manotazo. “ERES MALAAA”.

Hace 40 o 50 años que un hijo/a le pegara a un padre era impensable. Los padres de antes ya se encargaban de dejar claro quién mandaba en casa y por supuesto, a nadie se le atrevía levantar la mano a sus propios padres ni a otros adultos. Los estilos educativos que antes predominaban en la sociedad es cierto que se basaban en ser muy restrictivos, con exceso de castigos y a veces se utilizaba la intimidación o el miedo como medio para conseguir que tus hijos “entraran en vereda”. La generación de padres actual, quien sabe si víctima de ese estilo educativo, ha pasado al otro extremo como si de un péndulo se tratase. Se les permite todo a los hijos/as porque consideramos que el estilo que se empleó con nosotros no fue adecuado. Padres que se ríen cuando sus hijos gritan o insultan, o comentarios como “ay pobre, si es que es muy pequeño, ¿cómo le voy a regañar?”  Es cómo muchos padres afrontan este tipo de situaciones.

Pero, ¿esta permisividad y “dejar hacer” a los hijos/as es buena? Bueno, pues a todos nos gusta “complacer” a nuestros hijos/as, darle lo que piden porque “a nosotros no nos lo dieron”, es lo más fácil, el niño/a es aparentemente feliz y nosotros también, pero  si esto se convierte en costumbre y no somos capaces de enseñar y frustrar a nuestro hijo/a él no aprenderá a afrontar otras situaciones en la vida.  Desde mi experiencia, y en la experiencia de la sociedad en general se está viendo que si antes se criaban hijos con exceso de normas, miedosos y “rectos”, ahora se están criando hijos tiranos, que no son capaces de aguantar que sus padres o profesores les digan que “NO” y que llegan a transgredir normas que antes eran intocables (gritarle a un adulto, insultar a un profesor o pegar a los padres).  

Mientras los niños/as tienen dos, tres, cuatro, años el acto de oponerse al adulto a muchos padres les parece gracioso pero ¿Qué pasará cuando ese niño se convierta en un preadolescente?  ¿Nos hará la misma gracia?

Lo primero que tenemos que preguntarnos cuando vemos que nuestro hijo/a nos pega es ¿Qué estamos haciendo nosotros para que un niño/a que tiene dos o tres años pegue a unos adultos que tienen veinte o treinta años? Porque lo que es seguro es que si dejamos que el niño/a nos pegue estamos haciendo de alguna manera que se convierta en nuestro padre por lo tanto pasaría a convertirse en su propio abuelo, ¿a que no suena muy bien? Tenemos que poner un poco de orden.

¿Qué hacer?

1. Explicarle al niño/a que es tu hijo/a y que por lo tanto tiene que obedecer a sus padres y profesores, a otros adultos, que no puede pegar y que cuando no esté de acuerdo con algo debe decirlo sin llorar y tranquilo. Que os gusta mucho cuando os obedece y os sentís muy contentos cuando lo hace.  Esto no es suficiente pero es necesario. Crear un espacio de comunicación con tu hijo/a es primordial.

2.  Explícale que a partir de ahora no le vas a dejar que te pegue y que si lo hace tendrá determinadas consecuencias. Por ejemplo, lo llevarás a pensar a su habitación, no lo llevarás al parque, no podrá seguir viendo la tele durante un tiempo, o que perderá algo que le guste, es decir avísale de las consecuencias, porque todo acto que no queramos que nuestro hijo/a haga tiene que tener unas consecuencias.

3.  Antes de que tu hijo llegue a pegaros avísale de qué sucederá si lo hace y si llega a pegarte, cumple con las consecuencias.

4. Para promover su buen comportamiento puedes utilizar algún sistema de economía de fichas o de premios para hacerle entender cuáles son las conductas que sí queréis (y no sólo las que no queréis). Por ejemplo, si hay alguna situación en que vuestro hijo/a responda bien es importante premiarlo ya sea con besos o con verbalizaciones (“muy bien”, “me encanta cuando me pides las cosas así”).


Prohibido, Nunca, Never

Reíros si os pega. Vamos a ver, si vuestro hijo/a ve que vosotros os reís en ese momento interpretará que es un juego o que es algo que queréis que haga, por lo tanto la próxima vez lo hará más y más.

Prohibido pensar que vuestro hijo cambiará cuando tenga más edad y que es muy pequeño todavía. En cuanto vuestro niño/a empieza a entender lo que le dices ya es momento para enseñarle hábitos y buenas costumbres, por lo tanto ¿por qué esperar a más tarde?


Más vale prevenir

Si quieres que este comportamiento no se convierta en algo difícil de salvar tienes que actuar desde la primera vez que vuestro hijo/a prueba a pegaros. Si antes intervenís más fácil será guiar su conducta.

Los pasos anteriores son para momentos en los que ya se haya llegado a ese punto pero no tenemos que llegar a esto. Para que nuestro hijo/a deje de pegarnos y obedezca más fácilmente habrá que fomentar y premiar las veces que nos obedece. Pero de esto ya hablaremos en una futura entrada.

Os dejo con un vídeo para que alucinéis y veáis hasta qué punto se puede llegar. Aunque el vídeo se transmita en un programa humorístico la verdad es que tiene que ser una situación dramática para esta familia.