miércoles, 26 de septiembre de 2012

No quiere comer nada más que papillas o potitos



Ya es la 1 del medio día, va llegando la hora de la comida y has preparado unos filetes de pollo para tu niño. Piensas que esta vez lo podéis conseguir, que mastique de una vez. Tiene 6 años pero lleváis 3 intentando que coma sólido. Antes le dabais papillas y todo bien, pero cuando os vinisteis  a dar cuenta vuestro niño no quería comer otra cosa que no fueran papillas o potitos y habéis ido dejando pasar el tiempo, pero 6 años son muchos años ya. Vuestra madre/suegra se encarga de recordaros todos los días lo bien que lo habéis hecho. “¡Anda, anda, que eso os pasa por no haber pasao una guerra! Yo me tenía que comer las patatas a bocaos, sin cocer ni ná!”  Ya será menos, pensáis.  El caso es que sabéis que en el fondo vuestra madre/suegra tiene algo de razón, vuestro niño debería saber comer variado y sólido pero no lo hace. Solo os falta hacer la procesión a Lourdes flagelándoos para probar que el niño coma. 

“Todas los días la misma historia” dice la agradable abuela/madre/suegra. “Llega el niño ve la comida y a llorar, y ahí va su madre y le pasa la comida por el robot de cocina, y el niño tan contento, se le quitan las lágrimas de momento” sigue la abuela/suegra. “Que si:  ¿cariño qué quieres?, ¿no te gusta el pollo?, ¿te hago unas patatas? ¿o quieres mejor unas croquetas?, ¡Un buen palo en el culo le daba yo y sin comer todo el día, ya verás cómo comía el niño!...  y encima siempre tenéis que terminar de darle de comer en la boca porque si no, no se lo come, eso o cuando no come ná y al rato pilla las galletas, y ¡¡¡¡venga galletas!!!! ¡Lo tenéis malcriado!” 

El caso es que os gustaría hacerlo mejor pero no sabéis cómo, que si se lo partas en trozos más pequeños, que si le mezcles con la papilla trozos de comida sólida ¡nada os ha dado resultado! ¿Qué hacer?

Lo primero de todo es concienciarnos que los primeros que tenemos que modificar los hábitos de comida somos nosotros. La hora de la comida es una hora para dedicarla a nosotros mismos y a nuestra familia, no a nuestro niño en exclusiva. Por lo tanto se acabó el dar potitos “porque es más rápido”, o “que coma primero el niño porque así luego comemos más cómodos nosotros”. NO, la hora de la comida es una hora en familia.

1.       Hablar con el niño/a, explicarle que ya es mayor y que tiene que comer cosas de mayores y que por lo tanto a partir de ahora se hará solo una comida, que no se la pasarás por el robot,  y que si le gusta bien, pero que si no le gusta no pasa nada, para la merienda habrá más comida. Que a partir de ahora tendrá que comer solo, que ya sabe coger los cubiertos y que por lo tanto estaréis muy contentos de verlo comer.
2.       Crear la rutina de la comida.  Es importante que la comida sea a la misma hora aproximadamente, en el mismo sitio (Comedor o cocina) y con las mismas personas (si puede ser con los papás mejor). Tiene que ser una hora en que, en la medida de lo posible vosotros lo dediquéis a comer juntos, vuestra vida no se tiene que paralizar porque él/ella no quiera comer.  Debe ser un rato en el que se aproveche para hablar de lo que ha pasado en el cole, lo que se va a hacer por la tarde, etc. Una actividad entretenida para hacer en familia.
3.       Dedicar un tiempo determinado a comer. Se acabó el estar horas y horas comiendo. Se le explicará, dependiendo de su edad, que en 20-30 minutos se recogerán los platos y se acabó el rato de comer. Y así habrá de ser, se le pedirá que recoja su plato y se le felicitará por ello.
4.       Si no se come lo que tiene en el plato ¡no pasa nada! FUERA DRAMAS, no os tiréis de los pelos. Es normal que las primeras veces coma poco o no coma, pero el niño/a tiene que comprender el nuevo hábito y esto llevará un tiempo.  Además un niño/a tiene que llegar con hambre a la hora de la comida, si pica entre horas no tendrá hambre a la hora de la cena y se volverá a repetir la misma historia. Si quiere comer sus galletas o alguna golosina que ésta sea después de la comida solamente si ha cumplido con comer a su hora y como premio por lo bien que lo ha hecho.  
5.       Ser constantes. Es posible que el niño/a intente patalear o llorar porque todo vuelva a ser como antes, pero vuestra actitud ante esto debe ser de ignorar los lloros y las pataletas, recordándole cual queréis que sea su comportamiento “cuando te sientes en la mesa te haremos caso” y seguid hablando entre vosotros sin que el niño/a consiga con los lloros lo que quiere.  


Prohibido, Nunca, Never.


Evitar centrarse en la comida y que toda conversación ronde la comida. Hay vida más allá de la comida y es importante que el niño/a coma pero es más importante que os fijéis en qué cosas ya hace bien  diferente de la comida  y que por lo tanto debéis de reforzar. La hora de la comida tiene que ser una actividad en familia divertida no un suplicio. Así que si no quiere comer es preferible no entrar en la lucha con el niño/a (ver vídeo), cuando se acabe el tiempo se retira el plato y ya comerá a merienda, o a la cena,…


 Prohibido poner raciones de comida inmensas. Tenéis que tener en cuenta que el estómago de un niño no  es como el de un adulto y que por lo tanto cabe menos comida. Es preferible que él niño/a pida más comida  que le pongáis un plato de comida tan rebosante que luego no pueda con ello. Además siempre será mejor ponerle la comida justa porque luego le podéis felicitar por habérselo comido todo, algo por lo que siempre se sienten bien los niños/as.

Prohibido hablar de la comida durante la comida, fuera negociaciones. Esto es, evitar comentarios como “cómetelo todo”, “coge bien el tenedor”,  “comete ese trozo”, “comete un poquito más”

Por supuesto prohibidísimo que si el niño/a no come en la comida se le triture, se le pregunte si quiere otra cosa o que luego pique entre horas galletas, yogur, u otro alimento. Recuerdo el caso de una madre que decía que su niña no comía en el comedor porque no le gustaba la comida y luego en casa, en cuanto llegaba, arramblaba con la caja de galletas o con lo que pillaba a su altura. Total cuando llegaba la hora de la merienda no tenía hambre y se volvía a repetir la escena de “NO QUIERO COMER”.

Evitar las comparaciones, “mira cómo come tu amigo pepito, él sí que sabe comer” No hay cosa que más rabia de a un hijo/a que cuando lo comparan con otro. Al final terminas odiando a tu amigo/a y tú sigues comiendo igual de mal.


Más vale prevenir.

Colocar las galletas, golosinas o cosas que pueda picar en un sitio al que no pueda llegar. Para evitar que pueda comer entre horas.

Que participe en la elaboración de las comidas.  Es buena idea, y además una buena actividad para hacer juntos, que el niño/a participe en la elaboración de determinadas comidas (pizzas, bocadillos, etc) es una buena manera de que se acerque a ella desde otro punto de vista y os reportará mucha satisfacción a todos. Además ¿quién no ha metido el dedo en una tarta, chupado sus dedos de chocolate o cogido un trocito de queso de la cocina?

PD. En esta entrada hemos dado por hecho que el niño/a no tiene problemas físicos u orgánicos, es decir, problemas para tragar ni otros problemas médicos porque ya han sido descartados previamente. Si tuvierais duda nunca está demás preguntar a un médico.