miércoles, 24 de octubre de 2012

No colabora en casa


Madre: Pepito, ¡haz tu cama! ¡Que no la has hecho!

Hijo: ¡Jo mamá! (Pepito, de 10 años, continúa jugando en el sofá a la nintendo)

Madre: Ni jo, ni jolines, ni jopetas, sabes que es tu obligación… (madre entra en la habitación) ¡Madre del amor hermoso! ¡Has visto que habitación tienes!

Hijo: (no responde)

Madre: (enfurecida)¡ Estoy hasta el moño ya!, todos los días lo mismo. Es que eres, eresss un desordenado y un marrano, siempre igual.

Mientras la madre suelta por su boca “sapos y culebras” empieza a ordenarle la habitación y la cama. El niño continúa jugando en el salón.

Madre: Eres como tu padre, ¡un desastre!, dejándome los calcetines por en medio y qué te costará,… nada más que jugando a la consola todo el día. Mira a tu amigo Ricardito lo ordenado que es, lo bien que le va en el cole, es un sol de crío, ¿me has oído? UN SOL.

Hijo: JO mami lo hago luego (continúa jugando)

Madre: Harta me tenéiiiiis (ya ha arreglado la habitación casi entera y la cama).

En cuanto termina la madre de ordenar la habitación sale enfurecida y le dice:

Madre: ¡Y todo el día jugando! Se acabó (le arranca la consola de las manos bruscamente), castigado dos meses sin consola.

Hijo: ¡¡Jo mamá que casi me paso el nivel!! (niño empieza a llorar desconsoladamente y del llanto pasa a la rabia) ERES MALAAAA, ¡NO TE QUIERO!

Os podéis imaginar qué bonito Sábado terminan pasando esta familia.

Vosotros os preguntaréis: Oh, ¿cómo se ha llegado a tal drama familiar? ¿qué podemos hacer para no repetir lo que vivimos de pequeños en nuestras casa con nuestras madres que lo hacían todo por nosotros pero que a la vez se quejaban?

Antes de nada comentar que a este tipo de situaciones no se llega de un día para otro así como tampoco cambiarlas no es cosa de un día. Cambiar los hábitos y las dinámicas en la familia exige firmeza, constancia y apoyo hacia vuestro hijo/a.

También cabría preguntarnos ¿Son necesarios los hábitos?  Los hábitos son personales de cada familia pero lo que es indudable es que toda familia tiene hábitos, dinámicas y normas establecidas en casa. Éstos nos ayudan a convivir y a entendernos más fácilmente, a evitar confusiones, a establecer límites y a mejorar las relaciones y el respeto. Ni los hippies más hippies viven sin hábitos (un saludo afectuoso  para los hippies desde el Blog). Además a nivel individual ayudan a desarrollarnos personal y socialmente aprendiendo lo que es el respeto, la colaboración, la confianza en nosotros mismos, la responsabilidad, el esfuerzo y la perseverancia.  Los hábitos nos dan estructura, tranquilidad y estabilidad cuando ya los tenemos adquiridos. Madre mía, pues si que valen los hábitos ¿no? Parecen la ASPIRINA DE LA FAMILIA.

Si no los tuviéramos seríamos animalicos que responden a estímulos sueltos cada poco tiempo. Que tenemos hambre, pues comemos (si hemos comprado comida claro). Que no encontramos la ropa porque no la hemos guardado, pues ya la encontraremos. El no tener hábitos nos dificultaría la planificación, por ejemplo ir a comprar comida cada cierto tiempo nos previene de quedarnos algún día sin alimentos o, en el caso de los niños/as, no tener hábito de hacer deberes hace que cuando lleguen por la mañana se lleven el chasco de no tenerlos hechos.

Por otro lado el cambio no es cosa de vuestro hijo/a, ni tampoco de vuestra pareja ni tampoco se puede reducir a vosotros. El CAMBIO debe ser consensuado por todos los miembros de la familia.


¿Qué hacer en el caso que hemos puesto de ejemplo más arriba?

  1. Hablar con tu hijo/a, manteniendo la calma. Si puede ser que tanto tu como su padre/madre estén implicados en la conversación. Es necesario que comprenda que no es cosa de uno y que algo que beneficia a todos.  Explicarle que para poder convivir en casa es necesario un orden y una distribución de las tareas de casa. Dejadle claro que las tareas de casa no son un castigo que le estáis poniendo decidle que se ponga en lugar vuestro, por ejemplo, preguntadle cómo se sentiría si a la hora de comer no hubiera pan, o si a la hora de hacer los deberes su hermano hubiera desordenado su escritorio, o si no tuviera ropa limpia,… son tareas que hacéis vosotros y que tenéis asumidas, por lo tanto él también tendrá que asumir algunas.
  2. Dialogad con él (si tiene más de 7 años o véis que es capaz de entender) y negociad de qué tareas se va a encargar. Obviamente la negociación tiene que ser guiada por vosotros y en cualquier caso vosotros sois quienes le tenéis que proponer varias tareas, siendo él quien  elija entre un pequeño listado.
  3. Premiad al mínimo su esfuerzo las primeras veces. Para que se adquieran los hábitos y se conviertan en rutina es necesario que al principio se refuercen mucho.
  4. Dejad que haga él/ella las cosas aunque las haga mal. Las primeras veces tendréis que enseñarle cómo se hacen y necesitará ayuda. Tenéis que estar dispuestos a ser maestros durante un tiempo. Aún así premiadlo con besos o con frases como “me gusta mucho que me ayudes”, “cuando colaboras todos estamos felices”.


Prohibido, Nunca, Never.

Evitar las comparaciones, tanto con su padre/madre (como en el ejemplo que hemos puesto) como con amigos. Cómo ya dijimos en la entrada “No quiere comer nada más que papillas y potitos”  las comparaciones son odiosas y sólo hacen que nos sintamos menospreciados. 

Hacerle sus tareas porque tengamos prisa o porque veamos que no sabe hacerlo.  Vamos a ver si tenéis prisa os aguantáis y si no sabe hacerlo le enseñáis, ¿entendido?

Evitar las etiquetas y los “siempre”, “nunca”, etc. Cada vez que le decimos “siempre igual” le estamos cerrando la posibilidad del cambio. Si en vez de eso le decimos “últimamente no arreglas tu habitación” la sensación es diferente ¿o no? Lo mismo sucede con las etiquetas como “eres un desordenado” Cada vez que decimos “eres un…” le estamos diciendo de una forma inconsciente que es algo de su forma de ser y que por lo tanto siempre va  a ser así. Sin embargo si le decimos “se te ha olvidado ordenar tu habitación” le estamos diciendo que sabemos que no lo es y que por lo tanto tiene que cambiar.  Todo es cuestión de cómo se dice.


Más vale prevenir…

Que empiecen a colaborar desde pequeños es necesario. Ha habido ocasiones que cuando le he sugerido a padres que su niño/a debe empezar a colaborar en casa con pequeñas tareas me dicen con cara de pena y tristeza “pero es que es tan pequeño”. Que sepáis que desde los 3-6 años se puede enseñar algunas tareas de autocuidado y del hogar. Más abajo os dejo un listado con ejemplos de tareas del hogar para los niños/as según su edad.


Ejemplos de tareas del hogar.

De 3 a 6 años

Ø  Recoger los juguetes después de usarlos
Ø  Ayudar a ordenar sus cosas
Ø  Ayudar a hacer la cama
Ø  Ayudar a recoger el cuarto
Ø  Ayudar a recoger el baño después de ducharse.
Ø  Ayudar a poner la mesa

De 7 a 11 años

Ø  Hacerse la cama
Ø  Recoger su cuarto
Ø  Meter la ropa sucia en la cesta
Ø  Doblar la ropa que no necesite planchado
Ø  Guardar y ordenar la ropa limpia
Ø  Quitar el polvo
Ø  Barrer
Ø  Poner y recoger la mesa
Ø  Fregar los platos del desayuno y la merienda
Ø  Hacer recados
Ø  Preparse el desyuno y la merienda
Ø  Ayudar de “pinche” en la cocina (batir huevos, reobzar, mezclar ingredientes…)
Ø  Coser botones.

De 12 a 17 años

Ø  Cambiar las sábanas de su cama.
Ø  Encargarse de su cuarto (ropa, armario, estantería, etc)
Ø  Pasar la aspiradora
Ø  Fregar los platos
Ø  Pasar la fregona
Ø  Hacer recados regularmente
Ø  Hacer la compra
Ø  Bajar la basura
Ø  Poner y recoger el fregaplatos.
Ø  Poner lavadora/secadora
Ø  Cocinar platos sencillos
Ø  Planchar ropa sencilla
Ø  Coser ropa sencilla
Ø  Ser el “encargado” de tareas familiares (preparar el desayuno; ordenar el trastero; preparar su maleta cuando se va de viaje)

Fuente:. Bartau Rojas, I. Guía de corresponsabilidad. Educar compartiendo las tareas familiares. 

Os dejo con un vídeo gracioso de un niño pequeñísimo fregando.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Pega a los niños en el parque


Te consideras una madre moderna, de esas como te hubiera gustado a ti tener. Una madre, trabajadora, activa, culta y sobre todo BUENA MADRE. Tienes una niña preciosa, monísima, que es la flor de vuestra casa, pongamos que se llama Juanita. Bonica, simpática, con solo 5 añitos!! Y habla… habla por los codos, se gana a todo el mundo por su piquito de oro! De siempre ha sido un poco inquieta pero en eso le ha salido a su madre, con inquietudes! Si es que es mas mona… se te cae la baba mientras la ves jugando en el parque…  “¡Mira Mamá!” Vés como tu hija te saluda y acto siguiente le pega un tirón en la coleta a la niña de al lado, la cual baja del columpio en línea recta, ¡sin esperar a que ponga las manos! Tu guardas la calma, respiras y piensas “no pasa nada, se lo explicaré como buena madre que soy, tranquilamente” mientras la otra niña llora… le dices: cariño, no se pega a los demás niños, hay que compartir, si tu quieres montar en el columpio se lo pides y ella te deja ¿ verdad Pepita? La amiga asiente con cara de decir “¡tu hija es mala, muy mala!”. En fin, “cosas de niños” piensas, así que te vas  directa a sentarte al banco “¡QUE BUENA MADRE SOY!”, tu ego no cabe en ti, ya quisieras tu que de pequeña te hubieran explicado así las cosas, con esa tranquilidad, con ese saber estar, con esa madurez… No te ha dado tiempo a sentarte cuando oyes ¡BUAAAAAAAAAAA!, otra vez tu hija te mira con la coleta de la niña en la mano, arrastrándola por el suelo… De pronto sientes cómo te conviertes en omaita de los Morancos y sale de dentro de ti todos los “demonios encendidos” ¡AHORA SI! Ahora si que se va a enterar, de la A la Z, se acabaron las moderneces: Juanita ven pa’cá ahora mismo!, que te pienso poner las coletas del revés, te vas a enterar de lo que vale un peine, 5 semanas sin ver la tele, además se acabaron los dibujos, y cuando se lo diga  a tu padre verás…! Lo que vino a continuación lo obviamos, pero sería merecedor de cualquier drama griego (infantil eso si)….

Bueno, vamos a hacer una batida de ideas como siempre para ver qué opciones tenemos.

  • Castigarla dos semanas sin ir al parque, y una sin dibujos (que además esos dibujos japoneses seguro que tienen la culpa de la agresividad de tu niña).  Vale, seguramente aprenderá a vivir sin parque y sin dibujo, y ¿después que?
  • Apuntarla a los Boys Scout. De siempre han sido un referente en valores. “Ellos sí que sabrán educarla para que aprenda a compartir”
  • Darle una charla (powerpoint incluído) sobre la agresividad humana y sus connotaciones. Di que sí, que se noten los estudios.
  • Explicación – consecuencias – comprobación. O lo que es lo mismo ¿Qué hacer para ser una madre moderna sin perder los papeles y convertirse en un demonio encendido y además conseguir que tu niña entienda y no lo haga más? Veamoslo.


Se podría resumir en los siguientes pasos:

  1. Está genial eso de explicar, de hecho es muy necesario, pero para los niños/as no son suficiente las explicaciones. Muchas madres dicen "yo se lo explico pero parece que no lo entiende", es que  es importante  RECORDAR:  Las explicaciones son necesarias pero no suficientes.
  2.  Consecuencias. Si las palabras no van acompañadas de consecuencias no hay nada que hacer. Es decir en el caso de la madre moderna que antes hemos explicado pues las consecuencias pueden ser sentarse 5 minutos al lado tuyo sin poder jugar con los demás niños. Y si la cosa se pone muy fea advertirle que si sigue así os iréis del parque (y por supuesto cumplirlo). Otro día haremos una entrada sobre los castigos.
  3.  Dar oportunidad de rectificar. Es importante que después de que haya una consecuencia y la haya cumplido, tengamos la oportunidad de comprobar si lo ha entendido. ¿cómo? Pues por ejemplo volviendo al parque al día siguiente y antes de llegar explicarle que esperamos que juegue tranquilamente y comparta los columpios con los demás niños, si no, ya sabe qué consecuencia le espera.



Prohibido, Nunca, Never

Utilizar el castigo físico. ¿pretendemos decirle a nuestra hija que no pegue y nosotros le damos un cachete?  Eso es como cuando un padre le dice a su hijo adolescente que no fume y él continúa fumando. NO TIENE SENTIDO.

Nunca usar castigos eternos. Es decir, dos semanas sin ir al parque, dos semanas sin tele,… sólo sirven para que aprendan a vivir sin ello y además no dan la oportunidad de aprender. Para poder rectificar ¡HAY QUE DAR OPORTUNIDADES!


Más vale prevenir

Para que los pasos anteriores funcionen es importante combinarlos con refuerzos. Esto es, cuando haya ido al parque y lo haya hecho sin pegar a nadie es importante premiarla ¿cómo? A veces un simple mensaje y un beso basta “cariño estoy muy orgullosa de ti, me gusta mucho verte cuando sabes compartir con los demás niños”


Me gustaría cerrar hoy la entrada con un vídeo muy bonito que nos demuestra que los niños "nacen" compartiendo, entonces, ¿qué es lo que nos vuelve egoísta después? ¡Ala a reflexionar!


lunes, 15 de octubre de 2012

Se comporta mal en clase



Nos comentaba un lector del blog que tiene un hijo de 7 años en proceso de ser adoptado que convive con ellos desde hacer unos pocos meses. Resulta que desde hace un par de semanas el comportamiento de su hijo ha cambiado en el cole, le informan que no trabaja nada en clase, que se entretiene y entretiene a los compañeros y que incluso se pelea con los niños de menor edad.

Antes de profundizar en el tema, situémonos. El acogimiento y la adopción son dos procesos muy complejos que implican a varios “actores”. Por un lado están los padres biológicos del niño/a, los cuales no han podido o sabido satisfacer las necesidades del mismo y por lo tanto son separados de su hijo/a por un juez. La administración, que se encarga de hacer de intermediaria en el proceso intentando encontrar la mejor solución para satisfacer las necesidades de ese menor. También se encuentra a  unos padres de acogida o adopción, que buscan satisfacer su deseo de ser padres (la mayoría de las veces).Y por último un actor involuntario y el más vulnerable de todos,  el/la menor, quien se ha visto envuelto en una situación que no ha provocado él/ella y de la cual es la principal víctima.

Todos los cambios en nuestra vida requieren cierta capacidad de adaptación. Pensad como adultos en si habéis vivido cambios de domicilio, mudanzas, separaciones de seres queridos, rupturas,… no son situaciones agradables ¿verdad? ¿Pudisteis superarlos fácilmente? El proceso preadoptivo es otro de los cambios que sufren estos niños/as en su entorno en un corto plazo de tiempo (anteriormente habrán pasado, como poco,  por una dura separación de sus padres o familiares y una estancia en un centro de protección).

Normalmente cuando un niño/a es propuesto a un preadoptivo éste ve con buenos ojos tener unos “nuevos papás”. De hecho, normalmente, en los primeros meses de convivencia con su nueva familia y su nuevo colegio existe lo que se llama como “Luna de Miel”, es decir, un tiempo (indeterminado) en  el que todo parece ir “sobre ruedas”.  El menor se comporta adecuadamente, es educado, hace todo lo que le se le pide… Este tiempo es necesario para que el niño/a adquiera la confianza necesaria y establezca los vínculos iniciales con los que van a ser sus figuras de referencia). Sin embargo, el que quiera tener unos “nuevos papás” no es suficiente y, al igual que sucede con todas las lunas de Miel, ¡se acaban! Y de pronto parece como si el comportamiento del niño/a cambiara. Empieza a comportarse de forma retadora, ya no es  tan educado como antes y muchos padres dicen que “no es el mismo de antes”.  Si esto pasa tenéis que estar tranquilos porque es parte del camino a seguir. Esto significa que el menor ha adquirido la confianza y seguridad suficiente con su nuevo entorno y con sus nuevas figuras de referencia, y es ahora cuando empieza a probar hasta donde llega esa confianza, es decir, necesita saber dónde están los límites. La Luna de Miel es una fase que utiliza el niño/a de forma inconsciente para tantear de que no lo van a volver a abandonar.

La fase que viene después de la Luna de Miel es de suma importancia porque es cuando realmente empiezan a establecerse los límites, los roles y los papeles dentro de la familia. Es una fase con muchos baches pero que éstos os ayudarán a calibrar vuestra nueva realidad familiar. Cuando un menor llega a una familia se tiene que producir un ajuste importante. Si antes érais dos o tres, ahora tenéis que sumar a uno o varios miembros que multiplican las relaciones entre vosotros, y por lo tanto tiene que haber un reajuste del  sistema familiar. Digamos que, y siguiendo la metáfora de construcción de un edificio,  es la fase en que empezáis a poner nuevos pilares, paredes y puertas a vuestra nueva estructura familiar.

Para esto es necesario un trabajo conjunto entre los técnicos de la administración que llevan el seguimiento del caso, los padres adoptivos, el colegio y el menor para procurar que esta adaptación se resuelva de forma adecuada.

Somos esclavos de nuestros recuerdos y en la mayoría de los niños/as   estos recuerdos que producirán “interferencias” en su vivencia personal actual  y adaptación futura. Por ello, al igual que los adultos necesitamos un tiempo para adaptarnos a los cambios, los niños/as también lo necesitan. Lo que sucede es que los adultos normalmente tenemos más herramientas y recursos para ello (podemos hablar, pedir ayuda a amigos, contar con familiares), mientras que los niños/as suelen expresar esas dificultades de adaptación con mal comportamiento, sentimientos de tristeza, rabia, etc.

¿Qué hacer para mejorar su comportamiento en clase? Los pasos siguientes están enfocados a un niño/a adoptado, sin embargo, exceptuando el paso de la “luna de miel”, el resto de pasos se pueden ir adaptando igualmente si no lo es. Soluciones rápidas no hay y además me faltarían datos para poder establecer una estrategia definida pero quizá para empezar  se podría hacer lo siguiente:

  1. Intentar indagar junto con su tutor si hay algún motivo o desencadenante de su comportamiento en clase. Es decir si existe algo que le haya pasado al niño/a que pensáis que tenga que ver con su cambio en el comportamiento. Conocer si ese comportamiento se da solo en casa, solo en el cole o en ambos puede dar pistas de qué es lo que le ha pasado. Si no hay ningún motivo aparente (algo probable) y hace poco que se ha incorporado a la familia o al cole,  puede que acabe de pasar su pequeña “Luna de Miel” y que ahora sea cuando empieza a tantear los límites del hogar y del colegio, cómo ya comentamos anteriormente,
  2. Hablar con el niño/a.  Hay que transmitirle que estáis preocupados porque ha cambiado su comportamiento, que no os sentís bien cuando se pelea con otros niños,  que lo veis más nervioso pero que estáis convencidos de que va a mejorar.  Que lo comprendéis y  que está viviendo muchos cambios importantes en su vida pero que poco a poco todo irá a mejor.
  3. Comunicación fluida con el colegio. Primero de todo, suponemos que el colegio conoce la realidad del niño/a, es decir, que está en un proceso de adopción. Por otro lado podéis Intentar acordar con el tutor alguna estrategia conjunta para mejorar su comportamiento. En el cole quizá puedan establecer algún sistema de fichas o alguna forma de premiar su buen comportamiento, de forma coordinada con vosotros para que si a lo largo del día se ha comportado adecuadamente podáis premiarlo por la tarde con lo que más le gusta (un paseo al parque, una hora de juego con papá y mamá a algo que quiera él, hacer una tarta juntos,…) Es necesario que a partir de ahora os coordinéis a tope.
  4. Para mejorar las relaciones con los compañeros con los que se porta mal (normalmente suelen ser los mismos) organizad una fiesta en casa o buscad la manera de que compartan actividades juntos. Además es importante que sea una actividad de cooperación en la que no haya competitividad (es decir, no usar juegos en los que gane uno sobre los demás sino que para poder ganar todos tienen que ganar). También podéis hacerle responsable del cuidado de una mascota y poco a poco ir enseñándole a cuidarla.
  5. Tiempo. Es necesario tener paciencia ya que es un período de adaptación que necesita el niño, y que en la medida que su entorno sea estable y seguro el comportamiento irá mejorando.



Prohibido, Nunca, Never

Cegarnos con el mal comportamiento. Si nos preocupamos demasiado por intentar reprimir el mal comportamiento es posible que consigamos el efecto contrario y todos nos frustremos.

No podemos tratar a este tipo de niños/as igual que al resto en el sentido de que no podemos reaccionar ante el mal comportamiento como si fuera un ataque personal hacia nosotros, ya que a veces resulta que es una forma de expresar los sentimientos contradictorios que está teniendo y que, debido a su falta de habilidades, actúa de esa manera. Sin embargo tampoco podemos dejar pasar por alto ni obviar esta llamada de atención. Es un difícil equilibrio que exige un plus. 


Más vale prevenir

Prevenir es difícil. Tened en cuenta que son menores que han establecido vínculos inseguros y ambivalentes en su infancia y que por lo tanto piensan que todos los adultos funcionan así (no conocen otra cosa). Demostrarle que hay otros adultos, otras personas que pueden funcionar de otra manera, que le pueden proporcionar cariño y afecto de forma incondicional pero que a la vez le dan límites y normas  es complicado. Es algo que hay que hacer y que no es fácil, pero siempre que hay amor y cariño, combinado con límites y constancia se obtienen buenos resultados. 

martes, 9 de octubre de 2012

Recuerda un "trauma" que le pasó hace tiempo



Hoy me pondré un pelín más serio porque el tema lo requiere. Pongamos que tenemos un hijo/a. Pongamos que este nuestro hijo/a hace un tiempo vivió en sus “carnes” un suceso o accidente. Además, resulta que este suceso tuvo la suficiente fuerza para producir una alteración en su bienestar emocional, (Ejemplo: accidentes, agresiones, abusos, muertes o guerras) y no logra superarlo en el tiempo (esto es, que vuelve a su presente mediante recuerdos, flashbacks, ansiedades, depresiones y también como inquietud, mal comportamiento,  rabietas, etc.) no dejándole volver al equilibrio emocional previo al suceso.  Podríamos decir entonces que este suceso se puede llamar traumático, o lo que comúnmente llamamos “trauma”. 

Son numerosas las ocasiones en que he escuchado a padres y madres decir: “no, mejor no le digas nada, haz como si no hubiera pasado”, o “pobrecillo si hablamos de eso le vamos a volver a recordar lo ocurrido y ¡lo que queremos es que lo olvide!”. El caso es que estas afirmaciones llevan algo de razón en el sentido de que como padres quieren procurar que su hijo no sufra al recordar un suceso que pensamos que le puede “crear un trauma”, pero ¿hasta qué punto es positivo que callemos o no propiciemos que el niño/a se pueda expresar?

 Lo primero a preguntarnos sería si un suceso traumático se puede olvidar y borrar de nuestra memoria como si de una máquina se tratase.  Si bien es cierto que está demostrado que la memoria es selectiva y que dependiendo del grado emocional del suceso y de cómo lo hayamos vivido, entre otros factores,  es más probable que lo recordemos o no, se me antoja complicada la idea de  poder acceder a nuestro “disco duro” interno y ejecutar un “suprimir” de aquello que hemos vivido. Es decir, hoy por hoy NO es posible borrar lo vivido. Hasta ahí bien, pero entonces…

Pongamos (sigamos poniendo) que el hijo/a del que hemos hablado en el primer párrafo , después de un tiempo del evento "traumático" intenta de alguna manera expresarlo (ya sea haciendo preguntas sobre algo que pasó o hablando de recuerdos que tiene) ¿Qué hacer?:
  • Hacer como si no hubiera pasado, es decir, no hablar sobre lo ocurrido y si el niño/a pregunta sobre eso hacernos los "locos" en plan: "no cariño no sé lo que dices".  Esto tiene la rápida ventaja de que aparentemente el niño/a aprende a no hablar sobre lo   vivido por lo que podemos pensar que por  tanto ha superado “el trauma” (ERROOOR). La familia vuelve  a la normalidad de la vida cotidiana obviando determinados riesgos, como por ejemplo que el menor no “digiera” la situación manifiestando, eso sí,  dificultades emocionales o comportamentales (mala conducta, problemas con los compañeros,  tristeza, ansiedad, etc),  o que no aprenda de la situación vivida y en un futuro vuelva a repetirla.
  •  Por otro lado tenemos la opción de favorecer que el niño/a pueda “elaborar” lo ocurrido.  ¿y cómo se hace? (tomo aire) Vamos a intentar explicarlo;

 Si elegimos esta  última opción debemos reconocer que es la más complicada de llevar a cabo. A nadie le es fácil hablar sobre lo que ha sucedido y más si ha sido una situación dolorosa para todos.  A corto plazo las ventajas parecen pocas ya que hablamos de un tema “espinoso”, teniendo que adaptar el lenguaje a su edad, con nuestro miedo  de volver traumatizarlo recordándolo,  sin embargo,  la evidencia científica ha demostrado que el poder expresar y representar los determinados sucesos traumáticos no solamente alivia al que lo ha sufrido sino que lo incluye dentro de la sociedad (evitando que en un futuro se pueda sentir  como un “bicho raro”). Es como si se liberara a la mente del gran peso que supone lo vivido, compartiéndolo con otras personas. Al parecer, al compartir con  los demás el “trauma” estamos de alguna forma reviviéndolo pero con unos niveles de ansiedad menores por lo que nuestro cerebro y nuestro cuerpo se habitúan fisiológicamente y las emociones cada vez son más relajadas. Esto es fácil de entender si ponemos como ejemplo que al oler un perfume  por primera vez éste es intenso, pero conforme pasa el tiempo ese olor va perdiendo intensidad hasta tal punto que dejamos de olerlo, a este fenómeno se le llama habituación.

Pero pongamos un ejemplo (otro "poner"). Imaginad que se trata de un caso de maltrato dentro de la familia y que ya ha pasado un tiempo (unos cuantos meses) ¿cómo manejamos el acontecimiento? 

  1. Entender y tener claro lo sucedido, cómo lo encajamos, cómo lo hemos vivido y en qué punto estamos (si lo vivimos de una forma tranquila o angustiosa). Esto es muy importante porque seremos los que tendremos que proporcionarle un sentido y visión de lo ocurrido, así como las herramientas y ayuda para encajar el hecho. Si no hemos encajado y comprendido, como adultos, el acontecimiento de poco le valdrá la ayuda a nuestro niño/a.
  2. Mantener un entorno cálido y de apoyo.  Cómo dice Boris Cyrulnik en su libro “patitos feos”: lo que forja a un niño es la burbuja afectiva que le rodea cada día y el sentido que su entorno atribuye a los acontecimientos. El mundo se puede caer a nuestro lado pero si hay cariño y respaldo de nuestros seres queridos más importantes todo adquiere un nuevo sentido, un sentido de estar protegidos y de superación.  El cariño y el apoyo son las muletas que le daremos para salir adelante.
  3. Facilitar que el niño pueda expresar lo vivido, sin forzar y siempre que el niño/a lo desee. Son numerosos los autores que desde el estudio del trauma y su evolución recomiendan que la mejor opción es que el niño/a pueda hablar o expresar con naturalidad del hecho con ayuda de los adultos cercanos.  Aún cuando el niño/a no tiene edad para hablarlo  se recomienda otros medios como el dibujo o el juego, para que pueda representar las emociones vividas en el trauma y poder desmitificar la situación y así aprender de lo vivido superando la situación. Para esto también resulta importante que comprendamos sus sentimientos y se lo hagamos sabe.
  4. Observar de forma sutil y  estar atentos a ver si lo va superando a lo largo del tiempo. Superar un trauma no es algo que se haga de un día para otro, es más, es posible que sea algo que siempre lo lleve consigo pero nuestro objetivo es que sea capaz de vivir con ello sin que le suponga un problema para su desarrollo, para su crecimiento, o su felicidad.
  5. Si aún así observamos que con el paso del tiempo nuestro niño/a continúa presentando dificultades emocionales o comportamentales (ansiedad, depresión, problemas de comportamiento) y pensamos que son debidas al suceso traumático, es importante ponerse en manos de un profesional cualificado.



Prohibido, Nunca, Never

No hablar de ello o hacer cómo si no hubiera pasado. Con lo anterior creo que ha quedado claro ¿no?

Forzar al niño/a para que hable. Todo tiene su proceso y hay veces que el niño/a no querrá hablar o expresar, por lo tanto "dejemos que el río fluya a su velocidad".

Transmitirle una visión negativa del suceso "traumático" que no le ayude a superarlo. Si le devolvemos una vivencia personal angustiosa el niño lo vivirá de esa manera y aprenderá que debe solucionar situaciones parecidas de esa misma forma. De esta manera sólo conseguiríamos que nuestro niño/a se “hunda más en el barro” en vez de ayudarle a salir. 


Más vale prevenir

Es importante propiciar y mantener un ambiente familiar protector (pero en todas las familias eh), así, si sucede cualquier accidente o evento traumático, la posibilidad de que el menor caiga hipnotizado por el “trauma” es menor y su capacidad para superar las adversidades cuando sea adulto será mayor.

Prevención a lo largo de su crecimiento. Es importante tener en cuenta que los niños viven de forma diferente sus recuerdos según sea su etapa de desarrollo y su evolución. Un/a menor no tiene la misma capacidad cognitiva para poder “digerir” un abuso, por ejemplo, cuando tiene 4 años de edad que cuando ya ha cumplido 10. A medida que vaya pasando el tiempo vuestro niño/a os irá pidiendo hablar de lo sucedido aún cuando vosotros ya hayáis hablado de eso con él hace unos años, es necesario. 



Para concluir señalar que incluso para nosotros, adultos, resulta complicado encajar determinados golpes en la vida, más si se trata de la infancia. Os invito a reflexionar en vuestra propia experiencia cómo  habéis superado aquellas situaciones  y en qué medida creéis que el ambiente y cuidados recibidos durante vuestros primeros años os ayudó a superarlo o no.  

Mientras seguiremos esperando a que la ciencia termine de inventar una pastilla que permita borrar los traumas (http://www.hopkinsmedicine.org/news/media/releases/johns_hopkins_researchers_discover_how_to_erase_memory)  y así evitar tener que afrontar el sufrimiento al que tanto miedo le tenemos y que ¿tan poco nos ayuda?


Fuente: Cyrulnik,B. "Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina una vida". Ed. Gedisa.



Para relajar tensiones después de un tema que puede "atenazarnos" os dejo con un vídeo de un monólogo sobre los traumas infantiles de Dani Rovira.





viernes, 5 de octubre de 2012

Me miente con los deberes



Domingo por la tarde. Después de un fin de semana agotador en el que habéis hecho un montón de actividades con los niños/as, ellos/as siguen teniendo energía para parar un tren y se han ido a jugar a la calle con otros amigos/as. Al cogerle la cartera a tu niño se le cae la agenda y da la casualidad de que se le abre por el día viernes, al leer te das cuenta que tenía deberes para el lunes que no ha hecho y cuando le preguntaste el viernes te dijo que no tenía nada. Tu nivel de cabreo sube exponencialmente, ya es la sexta vez que te lo hace desde que comenzó el curso. En sus 8 añitos nunca te había mentido tantas veces y menos después de haber hablado con él. Creías que ya estaba todo solucionado, pero no es así. Te sulfuras, tu melena se eleva como si estuviera electrificada. Lo habéis pillado dos veces, por más que le decís que sabéis que está diciendo mentiras él sigue insistiendo en que no. Venga, venga, ¡brainstorming!

  • Podéis apuntaros a clases de yoga, lleváis mucho tiempo deseando y quizá sea este el momento.
  • Podéis hacerle los deberes, hacerle el dibujo que ha pedido la profesora pero así, medio garabateado, pa' que no lo noten ( ¡¡a veces los adultos somos más listos que todo!! Por cierto, conozco padres que se han sacado la educación primaria dos veces, ¿por qué no vosotros?).
  • Podéis intentar restablecer una relación de confianza con vuestro hijo/a. ¿Qué bien suena no? Se puede lograr.

Desmitificar las mentiras. Antes de nada me gustaría que pongamos las mentiras en su sitio. ¿Quién no miente? ¿Quién no ha mentido alguna vez? Todos mentimos, en mayor o menor grado, la mentira es algo inherente del ser humano. Esto no quiere decir que vivamos en una eterna mentira pero sí que la mentira es un recurso que utiliza el humano desde tiempos inmemoriales. De igual manera los niños/as aprenden que pueden manipular el mundo desde que son muy pequeñitos/as, y no solo el mundo, cuando ya tienen el lenguaje adquirido aprenden que pueden manejar a los adultos con su comportamiento. Las mentiras y los engaños son parte de esa manipulación evolucionada. Hay padres/madres que cuando descubren por primera vez que su hijo/a les ha mentido se les cae el mundo al suelo, (“mi hijo que me mienta a mi ¡QUE SOY SU MADRE!”) descubren que su hijo ya no es parte de ellos y que puede “ir a su bola”. Bien, ¡esto es bueno amigos! Eso significa que vuestro niño/a es inteligente, que se está desarrollando adecuadamente.

El que se esté desarrollando adecuadamente no significa que dejemos que nuestro niño/a mienta a diestro y siniestro, ya que las mentiras tienen "las paticas muy cortas" (como se dice por aquí), y por lo tanto muchos inconvenientes. Entre ellos está el hecho de que crea desconfianza en la relación (uno deja de creer en los demás), nos hace vivir en un mundo aparente en el que no sabemos lo que es verdad o engaño,  y por lo tanto no facilita que disfrutemos de las relaciones con nuestra familia.  

 Si un niño/a miente puede ser por dos motivos: o por evitar una consecuencia negativa peor que la de mentir, o porque quiere conseguir un beneficio o recompensa fácilmente. Venga, vamos a ver qué podemos hacer para reencauzar las mentiras:
  1. Hablad con vuestro hijo/a. Esto siempre es necesario. Crear un espacio en el que podáis dialogar tranquilamente y de modo relajado sobre por qué hace eso. Nuestro objetivo es entenderlo y buscar un remedio consensuado. Explicarle también que tienen que existir consecuencias si lo vuelve a hacer y, por lo tanto, proponedle ejemplos (si fuera posible que elija él entre varias opciones que le dais, esto le hará más consciente de ello).
  2. Hablar con el centro escolar y con su tutor/a. Acordad alguna medida para aseguraros que os enteráis de los deberes que le mandan e intentad mantener una relación fluida con el colegio. Tened en cuenta que los profesores son las otras figuras importantes en la vida de vuestro niño/a y por lo tanto debe de existir suficiente confianza y comunicación para evitar que el niño/a juegue con ello.
  3. Premiar y reforzar momentos en que nos diga la verdad, momentos en que sea sincero y haga el esfuerzo por contarnos algo, aunque no tenga mucha importancia, reforzarle su sinceridad. Por lo tanto, las veces en que traiga los deberes escritos en su agenda y cumpla con ellos, por muy pocos que sean, hay que felicitarlo. A veces pensamos que decir la verdad es una obligación y no agradecemos la sinceridad. Tened en cuenta que para que se reestablezca esta nueva forma de actuar hay que reforzar.
  4. Dejar que las consecuencias también ocurran. Esto es, muchos padres cuando ven que sus niños/as llevan los deberes sin hacer y son las 8 de la noche, ponen el grito en el cielo y se ponen con ellos a hacerlo para evitar que les echen la bronca en el cole. Pues también puede resultar enriquecedor que tu hijo/a experimente qué se siente cuando lleva los deberes sin hacer.



Prohibido, Nunca, Never.

Evitar los grandes castigos (y por supuesto el castigo físico) por haber mentido. Esto sólo hará que él/ella aprenda a no mentir solo por el miedo que tenga a los castigos que le pongas.

Nunca engañarlo o enseñarle a nuestro hijo a decir mentiras. Es decir, totalmente prohibido decirle al niño: “no le digas nada a papá”, “que no se entere mamá”. Entre otras cosas porque ya de por si le estamos enseñando el modo de hacerlo y después cuando nos lo haga diremos “¿Cómo ha sido capaz?”.  Por tanto también prohibido hablar con el profesor para ponerle excusas de por qué nuestro hijo/a no ha traído los deberes. Esto se podría volver en nuestra contra porque  vuestro niño/a estaría haciendo así un “MASTER DE EXCUSAS” con su gran profesor/a: SUS PADRES ¿Queremos que nuestro niño/a aprenda? Pues para aprender HAY QUE CAERSE.

Evitar las etiquetas: “si es que siempre me dices mentiras”, “si es que eres un  mentiroso”,… si le decimos eso el niño/a al final se lo creerá y por lo tanto actuará así. Las etiquetas sólo sirven para decirnos cómo tenemos que actuar.

No centrarnos en las mentiras, cuanto más nos obsesionemos con que nos diga la verdad más vamos a obtener lo inverso, es decir, más nos mentirá. Mi pregunta es ¿por qué nos tenemos que obsesionar con que nos reconozca que ha sido él/ella cuando realmente lo sabemos porque no hay otra opción? A veces es mejor decirle, “cariño creo que has sido tú pero no pasa nada, vamos a ponerle solución a  lo que ha pasado.” 


Más vale prevenir…

La prevención en este caso pasa por establecer una relación cercana con nuestro hijo/a, basada en la confianza. NO HAY MAYOR PREVENCIÓN QUE ACTUAR cómo hemos señalado anteriormente. Con el tiempo todo volverá a su cauce.

Para concluir, ¿creemos en la SINCERIDAD ABSOLUTA?, ¿queremos que nuestros niños/as lo sean? entonces os dejo con un par de vídeos  con dos "niños ejemplos".