viernes, 5 de octubre de 2012

Me miente con los deberes



Domingo por la tarde. Después de un fin de semana agotador en el que habéis hecho un montón de actividades con los niños/as, ellos/as siguen teniendo energía para parar un tren y se han ido a jugar a la calle con otros amigos/as. Al cogerle la cartera a tu niño se le cae la agenda y da la casualidad de que se le abre por el día viernes, al leer te das cuenta que tenía deberes para el lunes que no ha hecho y cuando le preguntaste el viernes te dijo que no tenía nada. Tu nivel de cabreo sube exponencialmente, ya es la sexta vez que te lo hace desde que comenzó el curso. En sus 8 añitos nunca te había mentido tantas veces y menos después de haber hablado con él. Creías que ya estaba todo solucionado, pero no es así. Te sulfuras, tu melena se eleva como si estuviera electrificada. Lo habéis pillado dos veces, por más que le decís que sabéis que está diciendo mentiras él sigue insistiendo en que no. Venga, venga, ¡brainstorming!

  • Podéis apuntaros a clases de yoga, lleváis mucho tiempo deseando y quizá sea este el momento.
  • Podéis hacerle los deberes, hacerle el dibujo que ha pedido la profesora pero así, medio garabateado, pa' que no lo noten ( ¡¡a veces los adultos somos más listos que todo!! Por cierto, conozco padres que se han sacado la educación primaria dos veces, ¿por qué no vosotros?).
  • Podéis intentar restablecer una relación de confianza con vuestro hijo/a. ¿Qué bien suena no? Se puede lograr.

Desmitificar las mentiras. Antes de nada me gustaría que pongamos las mentiras en su sitio. ¿Quién no miente? ¿Quién no ha mentido alguna vez? Todos mentimos, en mayor o menor grado, la mentira es algo inherente del ser humano. Esto no quiere decir que vivamos en una eterna mentira pero sí que la mentira es un recurso que utiliza el humano desde tiempos inmemoriales. De igual manera los niños/as aprenden que pueden manipular el mundo desde que son muy pequeñitos/as, y no solo el mundo, cuando ya tienen el lenguaje adquirido aprenden que pueden manejar a los adultos con su comportamiento. Las mentiras y los engaños son parte de esa manipulación evolucionada. Hay padres/madres que cuando descubren por primera vez que su hijo/a les ha mentido se les cae el mundo al suelo, (“mi hijo que me mienta a mi ¡QUE SOY SU MADRE!”) descubren que su hijo ya no es parte de ellos y que puede “ir a su bola”. Bien, ¡esto es bueno amigos! Eso significa que vuestro niño/a es inteligente, que se está desarrollando adecuadamente.

El que se esté desarrollando adecuadamente no significa que dejemos que nuestro niño/a mienta a diestro y siniestro, ya que las mentiras tienen "las paticas muy cortas" (como se dice por aquí), y por lo tanto muchos inconvenientes. Entre ellos está el hecho de que crea desconfianza en la relación (uno deja de creer en los demás), nos hace vivir en un mundo aparente en el que no sabemos lo que es verdad o engaño,  y por lo tanto no facilita que disfrutemos de las relaciones con nuestra familia.  

 Si un niño/a miente puede ser por dos motivos: o por evitar una consecuencia negativa peor que la de mentir, o porque quiere conseguir un beneficio o recompensa fácilmente. Venga, vamos a ver qué podemos hacer para reencauzar las mentiras:
  1. Hablad con vuestro hijo/a. Esto siempre es necesario. Crear un espacio en el que podáis dialogar tranquilamente y de modo relajado sobre por qué hace eso. Nuestro objetivo es entenderlo y buscar un remedio consensuado. Explicarle también que tienen que existir consecuencias si lo vuelve a hacer y, por lo tanto, proponedle ejemplos (si fuera posible que elija él entre varias opciones que le dais, esto le hará más consciente de ello).
  2. Hablar con el centro escolar y con su tutor/a. Acordad alguna medida para aseguraros que os enteráis de los deberes que le mandan e intentad mantener una relación fluida con el colegio. Tened en cuenta que los profesores son las otras figuras importantes en la vida de vuestro niño/a y por lo tanto debe de existir suficiente confianza y comunicación para evitar que el niño/a juegue con ello.
  3. Premiar y reforzar momentos en que nos diga la verdad, momentos en que sea sincero y haga el esfuerzo por contarnos algo, aunque no tenga mucha importancia, reforzarle su sinceridad. Por lo tanto, las veces en que traiga los deberes escritos en su agenda y cumpla con ellos, por muy pocos que sean, hay que felicitarlo. A veces pensamos que decir la verdad es una obligación y no agradecemos la sinceridad. Tened en cuenta que para que se reestablezca esta nueva forma de actuar hay que reforzar.
  4. Dejar que las consecuencias también ocurran. Esto es, muchos padres cuando ven que sus niños/as llevan los deberes sin hacer y son las 8 de la noche, ponen el grito en el cielo y se ponen con ellos a hacerlo para evitar que les echen la bronca en el cole. Pues también puede resultar enriquecedor que tu hijo/a experimente qué se siente cuando lleva los deberes sin hacer.



Prohibido, Nunca, Never.

Evitar los grandes castigos (y por supuesto el castigo físico) por haber mentido. Esto sólo hará que él/ella aprenda a no mentir solo por el miedo que tenga a los castigos que le pongas.

Nunca engañarlo o enseñarle a nuestro hijo a decir mentiras. Es decir, totalmente prohibido decirle al niño: “no le digas nada a papá”, “que no se entere mamá”. Entre otras cosas porque ya de por si le estamos enseñando el modo de hacerlo y después cuando nos lo haga diremos “¿Cómo ha sido capaz?”.  Por tanto también prohibido hablar con el profesor para ponerle excusas de por qué nuestro hijo/a no ha traído los deberes. Esto se podría volver en nuestra contra porque  vuestro niño/a estaría haciendo así un “MASTER DE EXCUSAS” con su gran profesor/a: SUS PADRES ¿Queremos que nuestro niño/a aprenda? Pues para aprender HAY QUE CAERSE.

Evitar las etiquetas: “si es que siempre me dices mentiras”, “si es que eres un  mentiroso”,… si le decimos eso el niño/a al final se lo creerá y por lo tanto actuará así. Las etiquetas sólo sirven para decirnos cómo tenemos que actuar.

No centrarnos en las mentiras, cuanto más nos obsesionemos con que nos diga la verdad más vamos a obtener lo inverso, es decir, más nos mentirá. Mi pregunta es ¿por qué nos tenemos que obsesionar con que nos reconozca que ha sido él/ella cuando realmente lo sabemos porque no hay otra opción? A veces es mejor decirle, “cariño creo que has sido tú pero no pasa nada, vamos a ponerle solución a  lo que ha pasado.” 


Más vale prevenir…

La prevención en este caso pasa por establecer una relación cercana con nuestro hijo/a, basada en la confianza. NO HAY MAYOR PREVENCIÓN QUE ACTUAR cómo hemos señalado anteriormente. Con el tiempo todo volverá a su cauce.

Para concluir, ¿creemos en la SINCERIDAD ABSOLUTA?, ¿queremos que nuestros niños/as lo sean? entonces os dejo con un par de vídeos  con dos "niños ejemplos".