miércoles, 24 de octubre de 2012

No colabora en casa


Madre: Pepito, ¡haz tu cama! ¡Que no la has hecho!

Hijo: ¡Jo mamá! (Pepito, de 10 años, continúa jugando en el sofá a la nintendo)

Madre: Ni jo, ni jolines, ni jopetas, sabes que es tu obligación… (madre entra en la habitación) ¡Madre del amor hermoso! ¡Has visto que habitación tienes!

Hijo: (no responde)

Madre: (enfurecida)¡ Estoy hasta el moño ya!, todos los días lo mismo. Es que eres, eresss un desordenado y un marrano, siempre igual.

Mientras la madre suelta por su boca “sapos y culebras” empieza a ordenarle la habitación y la cama. El niño continúa jugando en el salón.

Madre: Eres como tu padre, ¡un desastre!, dejándome los calcetines por en medio y qué te costará,… nada más que jugando a la consola todo el día. Mira a tu amigo Ricardito lo ordenado que es, lo bien que le va en el cole, es un sol de crío, ¿me has oído? UN SOL.

Hijo: JO mami lo hago luego (continúa jugando)

Madre: Harta me tenéiiiiis (ya ha arreglado la habitación casi entera y la cama).

En cuanto termina la madre de ordenar la habitación sale enfurecida y le dice:

Madre: ¡Y todo el día jugando! Se acabó (le arranca la consola de las manos bruscamente), castigado dos meses sin consola.

Hijo: ¡¡Jo mamá que casi me paso el nivel!! (niño empieza a llorar desconsoladamente y del llanto pasa a la rabia) ERES MALAAAA, ¡NO TE QUIERO!

Os podéis imaginar qué bonito Sábado terminan pasando esta familia.

Vosotros os preguntaréis: Oh, ¿cómo se ha llegado a tal drama familiar? ¿qué podemos hacer para no repetir lo que vivimos de pequeños en nuestras casa con nuestras madres que lo hacían todo por nosotros pero que a la vez se quejaban?

Antes de nada comentar que a este tipo de situaciones no se llega de un día para otro así como tampoco cambiarlas no es cosa de un día. Cambiar los hábitos y las dinámicas en la familia exige firmeza, constancia y apoyo hacia vuestro hijo/a.

También cabría preguntarnos ¿Son necesarios los hábitos?  Los hábitos son personales de cada familia pero lo que es indudable es que toda familia tiene hábitos, dinámicas y normas establecidas en casa. Éstos nos ayudan a convivir y a entendernos más fácilmente, a evitar confusiones, a establecer límites y a mejorar las relaciones y el respeto. Ni los hippies más hippies viven sin hábitos (un saludo afectuoso  para los hippies desde el Blog). Además a nivel individual ayudan a desarrollarnos personal y socialmente aprendiendo lo que es el respeto, la colaboración, la confianza en nosotros mismos, la responsabilidad, el esfuerzo y la perseverancia.  Los hábitos nos dan estructura, tranquilidad y estabilidad cuando ya los tenemos adquiridos. Madre mía, pues si que valen los hábitos ¿no? Parecen la ASPIRINA DE LA FAMILIA.

Si no los tuviéramos seríamos animalicos que responden a estímulos sueltos cada poco tiempo. Que tenemos hambre, pues comemos (si hemos comprado comida claro). Que no encontramos la ropa porque no la hemos guardado, pues ya la encontraremos. El no tener hábitos nos dificultaría la planificación, por ejemplo ir a comprar comida cada cierto tiempo nos previene de quedarnos algún día sin alimentos o, en el caso de los niños/as, no tener hábito de hacer deberes hace que cuando lleguen por la mañana se lleven el chasco de no tenerlos hechos.

Por otro lado el cambio no es cosa de vuestro hijo/a, ni tampoco de vuestra pareja ni tampoco se puede reducir a vosotros. El CAMBIO debe ser consensuado por todos los miembros de la familia.


¿Qué hacer en el caso que hemos puesto de ejemplo más arriba?

  1. Hablar con tu hijo/a, manteniendo la calma. Si puede ser que tanto tu como su padre/madre estén implicados en la conversación. Es necesario que comprenda que no es cosa de uno y que algo que beneficia a todos.  Explicarle que para poder convivir en casa es necesario un orden y una distribución de las tareas de casa. Dejadle claro que las tareas de casa no son un castigo que le estáis poniendo decidle que se ponga en lugar vuestro, por ejemplo, preguntadle cómo se sentiría si a la hora de comer no hubiera pan, o si a la hora de hacer los deberes su hermano hubiera desordenado su escritorio, o si no tuviera ropa limpia,… son tareas que hacéis vosotros y que tenéis asumidas, por lo tanto él también tendrá que asumir algunas.
  2. Dialogad con él (si tiene más de 7 años o véis que es capaz de entender) y negociad de qué tareas se va a encargar. Obviamente la negociación tiene que ser guiada por vosotros y en cualquier caso vosotros sois quienes le tenéis que proponer varias tareas, siendo él quien  elija entre un pequeño listado.
  3. Premiad al mínimo su esfuerzo las primeras veces. Para que se adquieran los hábitos y se conviertan en rutina es necesario que al principio se refuercen mucho.
  4. Dejad que haga él/ella las cosas aunque las haga mal. Las primeras veces tendréis que enseñarle cómo se hacen y necesitará ayuda. Tenéis que estar dispuestos a ser maestros durante un tiempo. Aún así premiadlo con besos o con frases como “me gusta mucho que me ayudes”, “cuando colaboras todos estamos felices”.


Prohibido, Nunca, Never.

Evitar las comparaciones, tanto con su padre/madre (como en el ejemplo que hemos puesto) como con amigos. Cómo ya dijimos en la entrada “No quiere comer nada más que papillas y potitos”  las comparaciones son odiosas y sólo hacen que nos sintamos menospreciados. 

Hacerle sus tareas porque tengamos prisa o porque veamos que no sabe hacerlo.  Vamos a ver si tenéis prisa os aguantáis y si no sabe hacerlo le enseñáis, ¿entendido?

Evitar las etiquetas y los “siempre”, “nunca”, etc. Cada vez que le decimos “siempre igual” le estamos cerrando la posibilidad del cambio. Si en vez de eso le decimos “últimamente no arreglas tu habitación” la sensación es diferente ¿o no? Lo mismo sucede con las etiquetas como “eres un desordenado” Cada vez que decimos “eres un…” le estamos diciendo de una forma inconsciente que es algo de su forma de ser y que por lo tanto siempre va  a ser así. Sin embargo si le decimos “se te ha olvidado ordenar tu habitación” le estamos diciendo que sabemos que no lo es y que por lo tanto tiene que cambiar.  Todo es cuestión de cómo se dice.


Más vale prevenir…

Que empiecen a colaborar desde pequeños es necesario. Ha habido ocasiones que cuando le he sugerido a padres que su niño/a debe empezar a colaborar en casa con pequeñas tareas me dicen con cara de pena y tristeza “pero es que es tan pequeño”. Que sepáis que desde los 3-6 años se puede enseñar algunas tareas de autocuidado y del hogar. Más abajo os dejo un listado con ejemplos de tareas del hogar para los niños/as según su edad.


Ejemplos de tareas del hogar.

De 3 a 6 años

Ø  Recoger los juguetes después de usarlos
Ø  Ayudar a ordenar sus cosas
Ø  Ayudar a hacer la cama
Ø  Ayudar a recoger el cuarto
Ø  Ayudar a recoger el baño después de ducharse.
Ø  Ayudar a poner la mesa

De 7 a 11 años

Ø  Hacerse la cama
Ø  Recoger su cuarto
Ø  Meter la ropa sucia en la cesta
Ø  Doblar la ropa que no necesite planchado
Ø  Guardar y ordenar la ropa limpia
Ø  Quitar el polvo
Ø  Barrer
Ø  Poner y recoger la mesa
Ø  Fregar los platos del desayuno y la merienda
Ø  Hacer recados
Ø  Preparse el desyuno y la merienda
Ø  Ayudar de “pinche” en la cocina (batir huevos, reobzar, mezclar ingredientes…)
Ø  Coser botones.

De 12 a 17 años

Ø  Cambiar las sábanas de su cama.
Ø  Encargarse de su cuarto (ropa, armario, estantería, etc)
Ø  Pasar la aspiradora
Ø  Fregar los platos
Ø  Pasar la fregona
Ø  Hacer recados regularmente
Ø  Hacer la compra
Ø  Bajar la basura
Ø  Poner y recoger el fregaplatos.
Ø  Poner lavadora/secadora
Ø  Cocinar platos sencillos
Ø  Planchar ropa sencilla
Ø  Coser ropa sencilla
Ø  Ser el “encargado” de tareas familiares (preparar el desayuno; ordenar el trastero; preparar su maleta cuando se va de viaje)

Fuente:. Bartau Rojas, I. Guía de corresponsabilidad. Educar compartiendo las tareas familiares. 

Os dejo con un vídeo gracioso de un niño pequeñísimo fregando.