martes, 9 de octubre de 2012

Recuerda un "trauma" que le pasó hace tiempo



Hoy me pondré un pelín más serio porque el tema lo requiere. Pongamos que tenemos un hijo/a. Pongamos que este nuestro hijo/a hace un tiempo vivió en sus “carnes” un suceso o accidente. Además, resulta que este suceso tuvo la suficiente fuerza para producir una alteración en su bienestar emocional, (Ejemplo: accidentes, agresiones, abusos, muertes o guerras) y no logra superarlo en el tiempo (esto es, que vuelve a su presente mediante recuerdos, flashbacks, ansiedades, depresiones y también como inquietud, mal comportamiento,  rabietas, etc.) no dejándole volver al equilibrio emocional previo al suceso.  Podríamos decir entonces que este suceso se puede llamar traumático, o lo que comúnmente llamamos “trauma”. 

Son numerosas las ocasiones en que he escuchado a padres y madres decir: “no, mejor no le digas nada, haz como si no hubiera pasado”, o “pobrecillo si hablamos de eso le vamos a volver a recordar lo ocurrido y ¡lo que queremos es que lo olvide!”. El caso es que estas afirmaciones llevan algo de razón en el sentido de que como padres quieren procurar que su hijo no sufra al recordar un suceso que pensamos que le puede “crear un trauma”, pero ¿hasta qué punto es positivo que callemos o no propiciemos que el niño/a se pueda expresar?

 Lo primero a preguntarnos sería si un suceso traumático se puede olvidar y borrar de nuestra memoria como si de una máquina se tratase.  Si bien es cierto que está demostrado que la memoria es selectiva y que dependiendo del grado emocional del suceso y de cómo lo hayamos vivido, entre otros factores,  es más probable que lo recordemos o no, se me antoja complicada la idea de  poder acceder a nuestro “disco duro” interno y ejecutar un “suprimir” de aquello que hemos vivido. Es decir, hoy por hoy NO es posible borrar lo vivido. Hasta ahí bien, pero entonces…

Pongamos (sigamos poniendo) que el hijo/a del que hemos hablado en el primer párrafo , después de un tiempo del evento "traumático" intenta de alguna manera expresarlo (ya sea haciendo preguntas sobre algo que pasó o hablando de recuerdos que tiene) ¿Qué hacer?:
  • Hacer como si no hubiera pasado, es decir, no hablar sobre lo ocurrido y si el niño/a pregunta sobre eso hacernos los "locos" en plan: "no cariño no sé lo que dices".  Esto tiene la rápida ventaja de que aparentemente el niño/a aprende a no hablar sobre lo   vivido por lo que podemos pensar que por  tanto ha superado “el trauma” (ERROOOR). La familia vuelve  a la normalidad de la vida cotidiana obviando determinados riesgos, como por ejemplo que el menor no “digiera” la situación manifiestando, eso sí,  dificultades emocionales o comportamentales (mala conducta, problemas con los compañeros,  tristeza, ansiedad, etc),  o que no aprenda de la situación vivida y en un futuro vuelva a repetirla.
  •  Por otro lado tenemos la opción de favorecer que el niño/a pueda “elaborar” lo ocurrido.  ¿y cómo se hace? (tomo aire) Vamos a intentar explicarlo;

 Si elegimos esta  última opción debemos reconocer que es la más complicada de llevar a cabo. A nadie le es fácil hablar sobre lo que ha sucedido y más si ha sido una situación dolorosa para todos.  A corto plazo las ventajas parecen pocas ya que hablamos de un tema “espinoso”, teniendo que adaptar el lenguaje a su edad, con nuestro miedo  de volver traumatizarlo recordándolo,  sin embargo,  la evidencia científica ha demostrado que el poder expresar y representar los determinados sucesos traumáticos no solamente alivia al que lo ha sufrido sino que lo incluye dentro de la sociedad (evitando que en un futuro se pueda sentir  como un “bicho raro”). Es como si se liberara a la mente del gran peso que supone lo vivido, compartiéndolo con otras personas. Al parecer, al compartir con  los demás el “trauma” estamos de alguna forma reviviéndolo pero con unos niveles de ansiedad menores por lo que nuestro cerebro y nuestro cuerpo se habitúan fisiológicamente y las emociones cada vez son más relajadas. Esto es fácil de entender si ponemos como ejemplo que al oler un perfume  por primera vez éste es intenso, pero conforme pasa el tiempo ese olor va perdiendo intensidad hasta tal punto que dejamos de olerlo, a este fenómeno se le llama habituación.

Pero pongamos un ejemplo (otro "poner"). Imaginad que se trata de un caso de maltrato dentro de la familia y que ya ha pasado un tiempo (unos cuantos meses) ¿cómo manejamos el acontecimiento? 

  1. Entender y tener claro lo sucedido, cómo lo encajamos, cómo lo hemos vivido y en qué punto estamos (si lo vivimos de una forma tranquila o angustiosa). Esto es muy importante porque seremos los que tendremos que proporcionarle un sentido y visión de lo ocurrido, así como las herramientas y ayuda para encajar el hecho. Si no hemos encajado y comprendido, como adultos, el acontecimiento de poco le valdrá la ayuda a nuestro niño/a.
  2. Mantener un entorno cálido y de apoyo.  Cómo dice Boris Cyrulnik en su libro “patitos feos”: lo que forja a un niño es la burbuja afectiva que le rodea cada día y el sentido que su entorno atribuye a los acontecimientos. El mundo se puede caer a nuestro lado pero si hay cariño y respaldo de nuestros seres queridos más importantes todo adquiere un nuevo sentido, un sentido de estar protegidos y de superación.  El cariño y el apoyo son las muletas que le daremos para salir adelante.
  3. Facilitar que el niño pueda expresar lo vivido, sin forzar y siempre que el niño/a lo desee. Son numerosos los autores que desde el estudio del trauma y su evolución recomiendan que la mejor opción es que el niño/a pueda hablar o expresar con naturalidad del hecho con ayuda de los adultos cercanos.  Aún cuando el niño/a no tiene edad para hablarlo  se recomienda otros medios como el dibujo o el juego, para que pueda representar las emociones vividas en el trauma y poder desmitificar la situación y así aprender de lo vivido superando la situación. Para esto también resulta importante que comprendamos sus sentimientos y se lo hagamos sabe.
  4. Observar de forma sutil y  estar atentos a ver si lo va superando a lo largo del tiempo. Superar un trauma no es algo que se haga de un día para otro, es más, es posible que sea algo que siempre lo lleve consigo pero nuestro objetivo es que sea capaz de vivir con ello sin que le suponga un problema para su desarrollo, para su crecimiento, o su felicidad.
  5. Si aún así observamos que con el paso del tiempo nuestro niño/a continúa presentando dificultades emocionales o comportamentales (ansiedad, depresión, problemas de comportamiento) y pensamos que son debidas al suceso traumático, es importante ponerse en manos de un profesional cualificado.



Prohibido, Nunca, Never

No hablar de ello o hacer cómo si no hubiera pasado. Con lo anterior creo que ha quedado claro ¿no?

Forzar al niño/a para que hable. Todo tiene su proceso y hay veces que el niño/a no querrá hablar o expresar, por lo tanto "dejemos que el río fluya a su velocidad".

Transmitirle una visión negativa del suceso "traumático" que no le ayude a superarlo. Si le devolvemos una vivencia personal angustiosa el niño lo vivirá de esa manera y aprenderá que debe solucionar situaciones parecidas de esa misma forma. De esta manera sólo conseguiríamos que nuestro niño/a se “hunda más en el barro” en vez de ayudarle a salir. 


Más vale prevenir

Es importante propiciar y mantener un ambiente familiar protector (pero en todas las familias eh), así, si sucede cualquier accidente o evento traumático, la posibilidad de que el menor caiga hipnotizado por el “trauma” es menor y su capacidad para superar las adversidades cuando sea adulto será mayor.

Prevención a lo largo de su crecimiento. Es importante tener en cuenta que los niños viven de forma diferente sus recuerdos según sea su etapa de desarrollo y su evolución. Un/a menor no tiene la misma capacidad cognitiva para poder “digerir” un abuso, por ejemplo, cuando tiene 4 años de edad que cuando ya ha cumplido 10. A medida que vaya pasando el tiempo vuestro niño/a os irá pidiendo hablar de lo sucedido aún cuando vosotros ya hayáis hablado de eso con él hace unos años, es necesario. 



Para concluir señalar que incluso para nosotros, adultos, resulta complicado encajar determinados golpes en la vida, más si se trata de la infancia. Os invito a reflexionar en vuestra propia experiencia cómo  habéis superado aquellas situaciones  y en qué medida creéis que el ambiente y cuidados recibidos durante vuestros primeros años os ayudó a superarlo o no.  

Mientras seguiremos esperando a que la ciencia termine de inventar una pastilla que permita borrar los traumas (http://www.hopkinsmedicine.org/news/media/releases/johns_hopkins_researchers_discover_how_to_erase_memory)  y así evitar tener que afrontar el sufrimiento al que tanto miedo le tenemos y que ¿tan poco nos ayuda?


Fuente: Cyrulnik,B. "Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina una vida". Ed. Gedisa.



Para relajar tensiones después de un tema que puede "atenazarnos" os dejo con un vídeo de un monólogo sobre los traumas infantiles de Dani Rovira.