lunes, 15 de octubre de 2012

Se comporta mal en clase



Nos comentaba un lector del blog que tiene un hijo de 7 años en proceso de ser adoptado que convive con ellos desde hacer unos pocos meses. Resulta que desde hace un par de semanas el comportamiento de su hijo ha cambiado en el cole, le informan que no trabaja nada en clase, que se entretiene y entretiene a los compañeros y que incluso se pelea con los niños de menor edad.

Antes de profundizar en el tema, situémonos. El acogimiento y la adopción son dos procesos muy complejos que implican a varios “actores”. Por un lado están los padres biológicos del niño/a, los cuales no han podido o sabido satisfacer las necesidades del mismo y por lo tanto son separados de su hijo/a por un juez. La administración, que se encarga de hacer de intermediaria en el proceso intentando encontrar la mejor solución para satisfacer las necesidades de ese menor. También se encuentra a  unos padres de acogida o adopción, que buscan satisfacer su deseo de ser padres (la mayoría de las veces).Y por último un actor involuntario y el más vulnerable de todos,  el/la menor, quien se ha visto envuelto en una situación que no ha provocado él/ella y de la cual es la principal víctima.

Todos los cambios en nuestra vida requieren cierta capacidad de adaptación. Pensad como adultos en si habéis vivido cambios de domicilio, mudanzas, separaciones de seres queridos, rupturas,… no son situaciones agradables ¿verdad? ¿Pudisteis superarlos fácilmente? El proceso preadoptivo es otro de los cambios que sufren estos niños/as en su entorno en un corto plazo de tiempo (anteriormente habrán pasado, como poco,  por una dura separación de sus padres o familiares y una estancia en un centro de protección).

Normalmente cuando un niño/a es propuesto a un preadoptivo éste ve con buenos ojos tener unos “nuevos papás”. De hecho, normalmente, en los primeros meses de convivencia con su nueva familia y su nuevo colegio existe lo que se llama como “Luna de Miel”, es decir, un tiempo (indeterminado) en  el que todo parece ir “sobre ruedas”.  El menor se comporta adecuadamente, es educado, hace todo lo que le se le pide… Este tiempo es necesario para que el niño/a adquiera la confianza necesaria y establezca los vínculos iniciales con los que van a ser sus figuras de referencia). Sin embargo, el que quiera tener unos “nuevos papás” no es suficiente y, al igual que sucede con todas las lunas de Miel, ¡se acaban! Y de pronto parece como si el comportamiento del niño/a cambiara. Empieza a comportarse de forma retadora, ya no es  tan educado como antes y muchos padres dicen que “no es el mismo de antes”.  Si esto pasa tenéis que estar tranquilos porque es parte del camino a seguir. Esto significa que el menor ha adquirido la confianza y seguridad suficiente con su nuevo entorno y con sus nuevas figuras de referencia, y es ahora cuando empieza a probar hasta donde llega esa confianza, es decir, necesita saber dónde están los límites. La Luna de Miel es una fase que utiliza el niño/a de forma inconsciente para tantear de que no lo van a volver a abandonar.

La fase que viene después de la Luna de Miel es de suma importancia porque es cuando realmente empiezan a establecerse los límites, los roles y los papeles dentro de la familia. Es una fase con muchos baches pero que éstos os ayudarán a calibrar vuestra nueva realidad familiar. Cuando un menor llega a una familia se tiene que producir un ajuste importante. Si antes érais dos o tres, ahora tenéis que sumar a uno o varios miembros que multiplican las relaciones entre vosotros, y por lo tanto tiene que haber un reajuste del  sistema familiar. Digamos que, y siguiendo la metáfora de construcción de un edificio,  es la fase en que empezáis a poner nuevos pilares, paredes y puertas a vuestra nueva estructura familiar.

Para esto es necesario un trabajo conjunto entre los técnicos de la administración que llevan el seguimiento del caso, los padres adoptivos, el colegio y el menor para procurar que esta adaptación se resuelva de forma adecuada.

Somos esclavos de nuestros recuerdos y en la mayoría de los niños/as   estos recuerdos que producirán “interferencias” en su vivencia personal actual  y adaptación futura. Por ello, al igual que los adultos necesitamos un tiempo para adaptarnos a los cambios, los niños/as también lo necesitan. Lo que sucede es que los adultos normalmente tenemos más herramientas y recursos para ello (podemos hablar, pedir ayuda a amigos, contar con familiares), mientras que los niños/as suelen expresar esas dificultades de adaptación con mal comportamiento, sentimientos de tristeza, rabia, etc.

¿Qué hacer para mejorar su comportamiento en clase? Los pasos siguientes están enfocados a un niño/a adoptado, sin embargo, exceptuando el paso de la “luna de miel”, el resto de pasos se pueden ir adaptando igualmente si no lo es. Soluciones rápidas no hay y además me faltarían datos para poder establecer una estrategia definida pero quizá para empezar  se podría hacer lo siguiente:

  1. Intentar indagar junto con su tutor si hay algún motivo o desencadenante de su comportamiento en clase. Es decir si existe algo que le haya pasado al niño/a que pensáis que tenga que ver con su cambio en el comportamiento. Conocer si ese comportamiento se da solo en casa, solo en el cole o en ambos puede dar pistas de qué es lo que le ha pasado. Si no hay ningún motivo aparente (algo probable) y hace poco que se ha incorporado a la familia o al cole,  puede que acabe de pasar su pequeña “Luna de Miel” y que ahora sea cuando empieza a tantear los límites del hogar y del colegio, cómo ya comentamos anteriormente,
  2. Hablar con el niño/a.  Hay que transmitirle que estáis preocupados porque ha cambiado su comportamiento, que no os sentís bien cuando se pelea con otros niños,  que lo veis más nervioso pero que estáis convencidos de que va a mejorar.  Que lo comprendéis y  que está viviendo muchos cambios importantes en su vida pero que poco a poco todo irá a mejor.
  3. Comunicación fluida con el colegio. Primero de todo, suponemos que el colegio conoce la realidad del niño/a, es decir, que está en un proceso de adopción. Por otro lado podéis Intentar acordar con el tutor alguna estrategia conjunta para mejorar su comportamiento. En el cole quizá puedan establecer algún sistema de fichas o alguna forma de premiar su buen comportamiento, de forma coordinada con vosotros para que si a lo largo del día se ha comportado adecuadamente podáis premiarlo por la tarde con lo que más le gusta (un paseo al parque, una hora de juego con papá y mamá a algo que quiera él, hacer una tarta juntos,…) Es necesario que a partir de ahora os coordinéis a tope.
  4. Para mejorar las relaciones con los compañeros con los que se porta mal (normalmente suelen ser los mismos) organizad una fiesta en casa o buscad la manera de que compartan actividades juntos. Además es importante que sea una actividad de cooperación en la que no haya competitividad (es decir, no usar juegos en los que gane uno sobre los demás sino que para poder ganar todos tienen que ganar). También podéis hacerle responsable del cuidado de una mascota y poco a poco ir enseñándole a cuidarla.
  5. Tiempo. Es necesario tener paciencia ya que es un período de adaptación que necesita el niño, y que en la medida que su entorno sea estable y seguro el comportamiento irá mejorando.



Prohibido, Nunca, Never

Cegarnos con el mal comportamiento. Si nos preocupamos demasiado por intentar reprimir el mal comportamiento es posible que consigamos el efecto contrario y todos nos frustremos.

No podemos tratar a este tipo de niños/as igual que al resto en el sentido de que no podemos reaccionar ante el mal comportamiento como si fuera un ataque personal hacia nosotros, ya que a veces resulta que es una forma de expresar los sentimientos contradictorios que está teniendo y que, debido a su falta de habilidades, actúa de esa manera. Sin embargo tampoco podemos dejar pasar por alto ni obviar esta llamada de atención. Es un difícil equilibrio que exige un plus. 


Más vale prevenir

Prevenir es difícil. Tened en cuenta que son menores que han establecido vínculos inseguros y ambivalentes en su infancia y que por lo tanto piensan que todos los adultos funcionan así (no conocen otra cosa). Demostrarle que hay otros adultos, otras personas que pueden funcionar de otra manera, que le pueden proporcionar cariño y afecto de forma incondicional pero que a la vez le dan límites y normas  es complicado. Es algo que hay que hacer y que no es fácil, pero siempre que hay amor y cariño, combinado con límites y constancia se obtienen buenos resultados.