martes, 15 de enero de 2013

¡Por un cachete no pasa nada! (I) Consecuencias del castigo físico.

Fuente: Staffan Janson. A non-violent upbringing for children. "Changings in parenting: children today, Parents tomorrow. Conference of European Ministers responsible for family affairs".




El castigo físico tanto en las escuelas como en el hogar está prohibido legalmente desde el año 2007 en territorio español. A pesar de esto, y como suele suceder, los cambios en las leyes van por delante del cambio cultural. Son numerosos los debates que se mantienen todavía a pie de calle, en las familias y en la sociedad en general sobre los beneficios de una educación que utilice el castigo físico en los niños/as.



Paises de la UE que han prohibido
 el castigo físico.
Por una parte están los que piensan es una exageración por parte de los gobiernos que se haya prohibido el castigo físico dentro de la Unión Europea. Si “realmente por un cachete no pasa nada, a mi me pegaron de pequeño y mira lo bien que estoy.” Comentan algunos padres intentando argumentar el azote.  O la siempre recordada y aclamada frase “¡Eso con un cachete a tiempo se soluciona!”. De hecho estos padres tienen parte de razón, estudios de laboratorio encargados de comprender el aprendizaje humano han confirmado que el castigo corporal es efectivo a la hora de asegurarnos que nuestros hijos/as obedezcan a corto plazo, pero, también estos estudios indican que no existe evidencia que este aprendizaje se mantenga a largo plazo. Vamos que en cuanto se le pasa el miedo al niño/a lo vuelve a hacer.
Además, para qué nos vamos a engañar, educar pegando es lo fácil, lo que nos sale desde nuestros instintos más profundos de "homo sapiens". 

Sin embargo, como bien me gusta decir, todo tiene un precio. Enseñar a nuestros hijos/as mediante el “cachete” tiene unos riesgos. Vamos a obviar las consecuencias físico-biológicas, no por menos importantes, sino porque quizá son las más conocidas. Sin embargo las consecuencias más frecuentes y que tienen más importancia de la que pensamos son las emocionales y psicológicas:

  • Genera sentimientos de miedo, ansiedad e ira.
  • Disminuye el sentimiento de culpa por lo que se ha hecho mal y se reduce el deseo de reparar el daño.
  • No ayuda a la adquisición de valores porque no enseña los motivos por los que hay que hacerlo bien.
  • No favorece una relación positiva padre-hijo/a. Intentar evitar el dolor físico puede que les lleve a evitar a su padre/madre.
  • Promueve el aprendizaje social de la agresión como medio para resolver conflictos.
  • Puede aumentar la actitud de actuar a escondidas,  de “evitar ser pillado”, aún cuando no tenga un comportamiento negativo.
  • Ayuda a que piensen que todo lo que les pasa, tanto bueno como malo, es culpa de los demás.


También existen algunos estudios que asocian el castigo físico con comportamiento agresivo, predelictivo y antisocial en niños/as.  McCord (1997) refiere que el castigo físico ejercido por padres y madres durante la infancia de sus hijos/as predice si  estos niños/as cometerán delitos graves 30 años después, independientemente de que estos padres hayan sido afectivos con ellos durante su infancia. Fuerte ¿no?

Pero el castigo físico se convierte en todavía algo más absurdo cuando los padres y madres lo usan cómo método para intentar corregir que sus hijos/as  peguen a otros niños/as (claro que si, prohibido prohibir). Verbalmente les dicen que pegar no está bien pero mediante el "cachete" los niños/as entienden que la agresión es algo normal, aceptable y efectivo cuando los demás se comportan como no nos gusta (BINGO). Tristemente Gershoff en 2002 nos dice que los padres suelen utilizar frecuentemente el castigo físico  en este tipo de situaciones.

¿Estás dispuesto a pagar el precio de una educación basada en el “azote” o en el “cachete”?

Si aún así quedan dudas me gustaría que alguien me dijera dónde está la línea que diferencia un “cachete” que sea maltrato de un “cachete” que no lo sea. Realmente pienso no existe tal línea y podríamos considerar que lo que sí existe es un comportamiento abusivo hacia un niño/a en dónde lo que varía es la gravedad. Gershoff, en su mismo estudio de 2002, confirma que existe una relación muy fuerte entre castigo corporal y el abuso físico. Es decir que éste  no está muy lejos de lo que es un maltrato físico.

¿Pero es que acaso se puede educar sin pegar? ¿Sin usar cachetes?

La respuesta es si, se puede educar en positivo, utilizando alternativas al castigo físico y sobre todo premiando los comportamientos que sí queremos en vez de castigar los comportamientos negativos. Pero esto es ya otra historia que iremos contando más adelante.

Para finalizar os dejo con un vídeo que representa muy bien para qué sirven nuestras manos.