martes, 22 de enero de 2013

¡Por un cachete no pasa nada! (II). La experiencia sueca


Fuente: Staffan Janson. A non-violent upbringing for children. "Changings in parenting: children today, Parents tomorrow. Conference of European Ministers responsible for family affairs".

Es verdad, siempre que buscamos una sociedad más avanzada en cuanto aspectos sociales solemos mirar hacia arriba, al norte, más concretamente a Escandinavia. Los países del norte de Europa suelen ser un referente en cuanto a Estado del Bienestar se refiere y también en cuanto a políticas sociales justas.

No podía ser de otra forma, los suecos fueron pioneros en cuanto a legislación de protección a la infancia y, más concretamente,  de comportamientos violentos hacia los niños.  Desde los años 20 el gobierno sueco prohibió el uso del castigo físico  de los profesores hacia los niños/as, en 1958 se prohibió en las escuelas y se eliminó de los “derechos de los padres”, y en 1979 se prohibió el castigo corporal hacia los niños/as en todos los ámbitos (incluído el hogar).  Podríamos pensar que los suecos nacieron así, con su sociedad bien puesta, con su comportamiento modélico, con sus actitudes super modernas y su bilingüismo (saben inglés casi desde nacer). Pero ¡no!, parece ser que antes de esta prohibición los suecos no eran tan modélicos, al menos en cuanto al uso del castigo físico hacia los niños/as (ver gráfico más abajo). Resulta que después de establecer la prohibición en 1979 los informes policiales alertaron sobre un incremento abrupto de los abusos hacia niños y niñas. ¿Cómo es posible que en cosa de un año hubiera tanto cambio? Los suecos al investigar se dieron cuenta que realmente lo que había incrementado no eran los casos de abuso sino la tendencia a informar sobre sospechas de abuso y desprotección, que precisamente fue para lo que se puso la ley.

¿Qué efecto tuvo la ley sobre la población? ¿qué actitud tenían los suecos antes de la ley?

En el año 2000 el “Comité sobre el abuso infantil y asuntos relacionados” (fundado en 1998) llevó a cabo tres investigaciones que resultaron en un informe  (Janson 2001ª). El primero de los estudios muestra un gran descenso de los castigos físicos hacia niños/as de edades preescolares entre 1980 y 2000 (de un 51% a uno 8%). De los padres que usaban el castigo físico como herramienta habitual en la crianza de sus hijos/a, se redujo un tercio su uso en el mismo período. Además se observó que no sólo había menos niños expuestos al castigo físico sino que aquellos que lo sufrían era menor su gravedad.  Estudios posteriores (también suecos) confirmaron estos datos posteriormente.

Pero nuestros amigos (los suecos), son muy listos, y durante el período desde 1960 hasta el 2000 (y supongo que seguirán) han realizado encuestas a nivel nacional para ver la actitud de la población hacia el castigo físico en niños/as, gracias a las cuales tenemos unas estadísticas monísimas. ¿Qué dicen estas estadísticas?

Fuente: Janson (2006)

Se puede ver en el gráfico que hay un descenso rápido y continuo en cuanto a las actitudes favorables al azote y al castígo físico  hacia niños/as. Sin embargo, debemos fijarnos también  que el descenso empieza antes de que el gobierno estableciera la Ley.  Esto nos podría llevar a pensar que la Ley no tiene efecto por sí misma,  pero no debemos olvidar que la Ley nace para apoyar esta tendencia que existía en la sociedad y mostrar así la opinión del Gobierno al respecto.

Si buscamos las causas de por qué una sociedad como la sueca empezó a cambiar su comportamiento y actitudes hacia el castigo corporal, puede ser que nos metamos en un jardín. Pero no debemos olvidar que factores como el desarrollo del estado del bienestar, el mayor acceso de la población a la educación y un buen sistema de salud materno-infantil ayudan.  También el hecho de que la mayoría de los suequitos (niños/as suecos) pasan gran parte del día en guarderías en dónde son cuidados y observados por profesionales ajenos a la familia lo que resulta en una mayor dificultad para ocultar el maltrato físico.

Pero entonces, después de todo esto podríamos pensar que si prohíben el uso del castigo físico entonces los padres pueden convertirse en permisivos. (Buena reflexión).

La experiencia sueca muestra que al contrario de lo que pudiera pensarse los padres durante todos estos años han adquirido más habilidades educativas y para resolver los conflictos con sus hijos/as (Palmerus y Jutengren, 2004). En este estudio casi el 90% de los padres usaban las peticiones firmes  junto con la expresión emocional de disgusto y enfado para controlar a sus hijos/as. La modificación de conducta se usaba sólo para retirar privilegios en el 60% de los casos. El 23% forzaban a los niños/as para que aceptaran las consecuencias  o se disculparan por lo que habían hecho mal y solo el 16% de los padres usaban el recurso de aislarlos e ignorarlos. El uso de recursos coercitivos, amenazas o restricciones físicas mostraron ser infrecuentes. ¿Son estas actitudes de un estilo permisivo? En absoluto.

¿Entonces son los gobiernos unos exagerados al prohibir el castigo corporal como recurso educativo?

A los suecos no les ha ido nada mal como habéis podido leer. Pienso que los exagerados son los padres y madres que usan el castigo corporal como herramienta educativa, porque alternativas existen, ¿cuáles son? es otra historia que intentaré contar más adelante. 

Os dejo con un vídeo que muestra con gran maestría lo que siente un niño/a cuando en su casa se educa con violencia.